miércoles, 29 de septiembre de 2010

WAYPOINT 153


Unas voces acompañaban a dos luces oscilantes que se aproximaban en la oscuridad. Nuestro ritmo acompasado y guiado por los GPS se veía claramente superado por los que nos alcanzaban. Entre los jirones de niebla que empezaban a cerrarse distinguimos sobre el ruido del viento las voces que nos llamaban “¡eh, hola!” “¿Cómo váis?”, contestamos. “Sin GPS”, nos responden los dos compañeros de carrera que acaban de alcanzarnos. “Pilas agotadas”. “No hay problema”, les decimos, “nuestros GPS van a plena carga, vamos juntos”. Seremos cuatro para la parte más crítica de la carrera, esto ayuda, pensé. Próximos a la cima de Javalambre, a cerca de 2000m de altura, la temperatura caerá por debajo de 0ºC y el viento será fortísimo.

Mientras elaboro lentamente estos pensamientos, al ritmo que mis mermadas condiciones físicas y circunstancias me permiten, veo sorprendido como nuestros nuevos acompañantes nos superan con facilidad y nos van adelantando. En unos minutos sus tenues siluetas se difuminan en la oscuridad y solo vemos como dos puntos de luz se van alejando. De cuando en cuando brillan con más intensidad, “se giran para buscarnos”, deduzco, “están confirmando que van por buen camino”, pero, sin GPS, sin conocer la montaña, ¿no deberían quedarse con nosotros?

Nos miramos extrañados. El viento arrecia, estamos prácticamente dentro de las nubes encapotadas sobre Javalambre y empieza a dificultarse gravemente la visión con las frontales. Estamos próximos al waypoint 153 y el track indica giro a la izquierda, salir del barranco y ascender en diagonal por la ladera en busca de la cumbre. Las luces que cada cierto tiempo nos buscaban para confirmar el camino se han convertido en dos pequeños puntos de luz que avanzan titubeantes y muy alejados. Imposible hacerse oir. El viento nos obliga a hablarnos a gritos, no hay forma de advertirles de su error. Siguen el barranco sin percibir el cambio de recorrido. Confirmamos el track, es correcto. Subimos dando grandes rodeos alrededor de las sabinas rastreras, pero avanzamos sin cesar hacia la cumbre. Me giro nuevamente justo a tiempo de ver como los últimos destellos desaparecen fugaces entre la niebla y la oscuridad, ya muy abajo, perdidos al otro extremo de la ladera.

Hemos ascendido gran parte del pico Javalambre. No vemos más que un par de metros ante nuestros pies. Estamos completamente dentro de las nubes que se ciernen sobre el pico. Ahora el viento huele a cumbre y, aunque es más fuerte y frio que antes, la proximidad de la cima nos atrae como un imán. Los pequeños árboles o matorrales que sobreviven en estas alturas se están pintando de blanco. El aguanieve empieza a formar una ligera capa de escarcha sobre ellos. Pienso en las luces de los dos compañeros de carrera perdidos en la ladera, pero las condiciones extremas me devuelven a la realidad. ¡Llegamos a la cumbre! ¡No te pares en el control! ¡Grita nuestros dorsales y continúa! Sobre el ruido del viento oímos ¡seguid el track!, nos indican desde dentro del coche de control, ¡no hay señales, solo el track, solo el track, solo el track! nos recalcan. Antes de encarar el descenso del pico entre la ventisca pienso en los dos compañeros sin GPS.

Veinte horas antes se daba la salida de la carrera, a las 8 de la mañana, en la puerta del refugio SerRa en Alfondeguilla. Poco más de 30 corredores, algún conocido y otros que lo serían después. El sol está a punto de salir y la temperatura es muy buena, fresca y agradable.

Ya en marcha nos vamos agrupando según ritmos. En cabeza y hasta el final Fran Robres se va destacando, después de unas palabras intercambiadas en la salida ya no volveríamos a verle hasta el día siguiente.

Jose Manuel y yo repetimos tandem como el año pasado. Al poco se nos unen Raúl y Manolo y ya en pocos minutos quedamos los cuatro separados del resto. Así afrontaremos las cuestas de la Sierra de Espadán: subida a Castro, barranco de Horeajo, collado de Ibola, Peña Blanca, Espadán y Rápita. El avituallamiento de Ibola llega temprano y todavía frescos tomamos unas barritas, reponemos agua y seguimos camino. Pero el sol empieza a hacerse notar y en el último tramo de ascenso al pico Espadán ya vamos mojando el suelo con las gotas de sudor. Aquí Jose Manuel y Rául empiezan a destacarse por delante y Manolo y yo nos vamos retrasando unos metros. En la siguiente bajada a la nevera tengo los primeros avisos en forma de calambres. Solo ligeros amagos, pero suficiente para empezar a retener la marcha. La subida al pico Rápita vuelve a ser muy dura con el sol castigando duramente nuestras espaldas. Pese a que bebo con mucha frecuencia agua con sales los amagos de calambres no cesan y cada vez que fuerzo un paso aparecen de nuevo.

La bajada del pico Rápita presenta una novedad: rodearemos las peores zonas de maleza para dirigirnos a una pista alternativa que añade algún kilómetro pero es muy corredora. Pero las sensaciones siguen siendo malas. Mi ritmo es flojo, aunque me mantengo con el grupo no me siento a gusto, preferiría disminuir la marcha.

Llegamos al avituallamiento de Matet, reponemos agua y tomamos medio bocata. No debemos enfriarnos deteniendonos mucho tiempo. Además, el contraste térmico entre sol y sombra es muy alto, la gente del control está pasando frio con las largas horas de espera y, sin embargo, nosotros venimos de soportar un calor excesivo.

Superado Espadán por delante vienen etapas muy corredoras. Pistas largas y suaves para superar el Alto de la Cueva Santa y Peñalta hacia Pavias e Higueras. Las piernas siguen a bajo nivel aunque intento mantener el ritmo del grupo. La llegada a Pavias repite protocolo: entrada por la calle principal, bar con una mesa a la puerta y unos parroquianos con cervezas (que tentación), la pequeña fuente de la esquina y el chaval avisándonos: ¡el agua del lavadero es mucho mejor! Y así es, en el lavadero el agua sale muy fresca. Bebemos a placer, nos refrescamos los brazos, la cara, el cuello, la cabeza entera y rellenamos depósitos. Después de este oasis seguimos camino por una vereda herbosa entre los huertos bajo un bonito arco. Un placer para los pies, aunque demasiado corto, ya que pronto volveremos a la dureza del asfalto hasta Higueras.

Higueras no aporta nada al recorrido. Apenas cruzamos dos calles y ya nos salimos por la senda hacia las próximas dificultades: el Alto de las Palomas para llegar al avituallamiento de Puerto Arenillas y al Mas de Noguera y la subida por las Cárcavas para llegar a Pina. Los amagos de calambres han cesado gracias al control pero las horas van pasando y ya veo claramente que no mantengo la viveza de ritmo del año pasado. Estimo que acumulo un retraso de una hora pero el camino es muy largo todavía y empiezo a fijar en mi mente el objetivo de llegar sin obsesionarme con el tiempo. No quiero ver aparecer los fantasmas del abandono en Facheca, en la UTMDA. Me esfuerzo en regular y en concentrarme para superar la verdadera dificultad de la prueba: Javalambre.

Aunque nos hemos quedado solos Manolo y yo, al llegar a Pina nos encontramos todavía con Jose Manuel y Raúl que están cambiándose de ropa. Nos abrigamos, preparamos el resto del equipo para la noche, comemos unos bocatas y nos tomamos unas cervezas. Después de algo más de media hora recogemos de nuevo las mochilas y nos ponemos en camino. Son las 19h cuando salimos de Pina, de nuevo los cuatro juntos. Nos queda una hora y media de luz.

Trotamos por las pistas que nos van conduciendo por las proximidades de Barracas hacia la autovía Mudejar, Fuente del Cepo, en busca del barranco del río Albentosa ya cerca de Manzanera. Ya al poco de salir de Pina nos hemos quedado de nuevo solos Manolo y yo, porque los trotes se van haciendo cada vez más penosos. La noche nos alcanza antes del rio Albentosa pero agudizamos los sentidos y apoyándonos en el GPS y el rutómetro no tenemos problemas en elegir el camino adecuado entre la multitud de pistas que se van cruzando. El cruce del río es la anécdota de este tramo. Manolo se protege con bolsas de plástico que Jose Manuel (gracias) nos ha dejado en la orilla, pero yo prefiero descalzarme y sentir el contraste frio del agua en los pies. Aliviados y animados después del cruce del rio seguimos camino hacia el avituallamiento.

En el control de Manzanera el frio ya es evidente. Hay que preparar los polares, gorros y guantes. A la baja temperatura y el viento hay que añadir las escasas reservas con que cuentan nuestros cuerpos, de modo que la sensación de frio aumenta considerablemente. Reponemos liquidos, barritas y seguimos camino enseguida. Próximo objetivo: Sarrión. Pistas interminables ya con noche cerrada nos van conduciendo hacia las proximidades de la Muela. A pesar del retraso respecto del año pasado y de las dificultades que encuentro en mantener un trote suficiente, estoy mucho mejor anímicamente.

Llegados al punto en que hay que dejar la pista y atajar campo a través sobre la Muela de Sarrión, solo contamos con la ayuda del GPS. Sin embargo, al poco de iniciar la subida, empezamos a ver señales en el suelo y cintas en los árboles. El camino está bien marcado, no hay senda pero tampoco hay pérdida posible. Paso a paso la Muela va quedando bajo nuestros pies y en poco rato vemos los reflejos del coche del control. Unos cafés, unos bollos y a seguir, aquí ya no hay nada que hacer. Me he enfriado mucho y los temblores empiezan a aparecer. Creo que el resfriado que arrastro desde hace pocos días está afectándome ahora. Arriba en la Muela soportamos el viento que sopla sin ninguna protección y el único recurso es trotar un poco para entrar en calor. Por suerte el recorrido desciende ligeramente y pronto llegamos al cruce de los cuatro caminos. Por delante, unos pocos kilómetros de pistas, el desvío al barranco de la Zarzuela y la subida al pico.

Pistas corredoras pero mis piernas no me acompañan. Solo puedo mantener un paso largo y vivo, pero el más ligero trote se me hace imposible. Siento que las horas pasan con más rapidez de lo previsto pero ya hace rato que hemos decidido no mirar el reloj. La visión de las nubes encapotadas sobre el pico Javalambre justo antes de anochecer desde las pistas de Fuente del Cepo se hace más presente ahora que estamos cerca. Hemos tenido un día de sol radiante y ahora nos dirijimos hacia el interior de las nubes que rodean totalmente la cumbre.

A punto de dejar la pista para encarar el tramo del barranco de la Zarzuela tenemos el encuentro con los dos corredores que nos alcanzan, nos acompañan unos metros y nos adelantan para desaparecer en la oscuridad perdiéndose por el camino equivocado.

El waypoint 153 marca la verdadera última dificultad: la ascensión al pico. Aquí ya no hay resguardo posible. Fuera del barranco, sobre la ladera expuesta al viento helado que sopla del Norte, no hay forma de mantener un ritmo uniforme. Nos vemos obligados constantemente a dar rodeos, vueltas, revueltas, avances y retrocesos, alrededor de las sabinas rastreras que abarcan importantes extensiones. El alcance de las frontales se ve muy atenuado por la niebla y nos impide anticiparnos a los obstáculos. Así y todo, nos aferramos al GPS y seguimos el track como si de nuestra religión se tratara. Por fin olemos el viento de cumbre y alcanzamos la cima.

No hay resguardo posible. Solo oscurdidad, viento y frio. Nos hacemos oir: ¡hay que bajar, hay que bajar!, gritamos. Cualquier problema aquí arriba sería muy grave. Pienso en la manta térmica que llevo en la mochila, ¿sería suficiente en caso de tener que parar por una caida? Solo hay un camino: descender cuanto antes. No hay camino ni apenas visibilidad entre la niebla. Solo pedrera suelta en la poca distancia que vemos ante nuestros pies. El GPS demuestra todo su valor y el track no falla. Lentamente nos irá conduciendo hacia la falda opuesta del pico, descendiendo gradualmente a zonas más resguardadas.

Lo peor ha pasado. Estamos ante el Pino de la Cepa, árbol emblemático de Camarena, y ya no queda más que un suave descenso por pistas hasta meta. De nuevo el trote por estas pistas es imposible, las piernas no responden, pero un paso largo y rápido nos dirige hacia Camarena sin más demora. La pista se convierte en asfalto y poco después del balneario alcanzamos el sendero fluvial, suave y agradable. Llegamos al molino y cruzando las primeras calles de Camarena alcanzamos el albergue. Lo hemos conseguido.

Veintitrés horas después de salir de Alfondeguilla entramos en el albergue de Camarena con esa sensación de victoria que se consigue después de un gran esfuerzo. No he estado en mi mejor forma física, pero el manejo de la carrera en conjunto me ha dejado muy satisfecho. En todo momento hemos mantenido el track, sin ninguna duda y, sobre todo, afrontando con seguridad y firmeza la peor dificultad: Javalambre.

domingo, 22 de agosto de 2010

AgostoXtrem 2010

Han pasado cuatro meses y medio desde la última carrera y llevo dos y medio sin publicar nada. Lo cual no quiere decir que esté sentado criando telarañas...

Por eso, creo que ya es hora de que cuelgue la última "gran travesía" realizada, la “AgostoXtrem 2010”. Es una carrera al límite de la supervivencia... física... y sobre todo, mental. Se hace por etapas durante un total de 10 días, con salida y llegada en Valencia, pasando por el Valle de Benasque, con puntos de avituallamiento en Castejón de Sos (Rte. Pirineos, Pizzería El Pájaro Loco), Benasque (Rte. Hospital de Benasque, Balneario de Los Baños) y Cerler (La Borda del Mastín). Se trata de una carrera mixta (en coche, a ratos a pie, a veces andando, incluso a cuatro patas o a pata coja) en semi-autosuficiencia, non-stop, always-on, cargando con los niños al cuello, a la espalda, en brazos, mochilas, neveritas, refrescos, cervezas, siguiendo los caminos tradicionales GRxx, A7, A23, sendas de vacas y otros menos trillados, con visitas opcionales pero aconsejables al centro de salud, supermercado, farmacia, barbacoa y gasolinera. No hay camiseta de finisher ni premio para el primero, pero aún así, hay unas ganas irresistibles de volver a empezarla.

Tomamos la salida…



Día 12. Jueves. Salida.
Hora prevista de salida: las siete. Hora real: las siete y media. Con el coche a reventar, gato y tortuga incluidos, salimos hacía los Pirineos.
Dejamos Valencia por la A-7 para seguir después la autovia Mudejar por Teruel, Zaragoza y paradita en Zuera. Bareto de carretera, cafés para los mayores, polos para los pequeños, estiramos las piernas y seguimos camino.
Viaje tranquilo, más entretenido a partir de Barbastro. Después vienen Graus, Campo, Seira, El Run y por fin Castejón de Sos.
Llegamos sobre la una y media del mediodia, recogemos llaves y a descargar. Al abrir el maletero parecen oirse los suspiros de alivio del coche.
Benasque por la tarde para comprar en el super y al volver a Castejón un ratito en el parque y un café con hielo en el Pirineos.

Día 13. Viernes. Senda Sos-Liri.

Primera excursión: circuito por senda hacía Sos y Liri. Salimos tarde, hacia las 12, después de curar las heridas del revolcón de Pau. Primera expedición multitudinaria: Sandra, Irene, Daniel, Quique, Elena, Laura, Carolina, Jose, Julia hija, Ana, Pepe, Gabriel, Claudia, Alejandra, Yolanda, Adriá, Pau, Maria, Amparo, Vega, Silvia y el que escribe.
Por una senda preciosa subimos hasta Sos donde paramos a tomar el almuerzo. En ese momento se nos unen Chema, Pablo y Julia madre que han llegado en coche. Después de visitar una casa-museo con los artilugios propios de la vida rural de bastantes años atrás, continuamos por una senda hacia Liri para finalmente cerrar el circuito en Castejón de nuevo. Llegamos pasadas las ocho de la tarde, con los crios reventados pero habiendo disfrutado del primer día de excursión. Descansamos en el Pirineos, y ¡sorpresa!, llegan Concha y Nando. Alegría de los críos, nos quedamos charlando y tomando refrescos.

Día 14. Sábado. Llanos del Hospital.


Amanece un poco fresco y con nubes dentro del valle. Previendo un día poco apetecible, salimos ya bastante tarde hacia los llanos del Hospital. Allí la temperatura ha bajado desde los 22º de Castejón hasta los 8º, hace algo de viento y nos tenemos que enfundar los polares. Vamos hasta el fondo del llano, en un resguardo del rio. Las niñas y Daniel disfrutan corriendo y explorando. Pasamos un buen rato hasta que decidimos volver. De regreso paramos en el Santuario de Guayente donde compramos unas lagartijas y unos pasteles de merienda. Allí vemos a Conchi, justo cuando empieza a llover y tenemos que volver a casa.

Día 15. Domingo. Gabás.


Hoy nos atrevemos con la senda de Gabás. Las mayor dificultad: atravesar el barranco próximo a El Run con el camino arrancado por la corrientes de agua de las tormentas y deshielos. Después de más de tres horas de marcha llegamos a Gabás. El camino se ha hecho largo pero las niñas y Daniel han cumplido como campeones. Descansamos en la fuente del pueblo, tomamos unos bocadillos y emprendemos el camino de vuelta, prácticamente todo de bajada, que recorremos en poco más de dos horas. Llegamos pasadas las seis de la tarde, pero Concha y Nando ya se han ido y nos despedimos por teléfono. Quienes han llegado ya son Alberto y Eva, pero no les dejamos descansar y quedamos a cenar en el Pájaro Loco.

Día 16. Lunes. Entrenamiento Sos-Liri. Aigualluts y Coll de Toro.


Después de varios días haciendome el remolón, por fin consigo madrugar. Tengo previsto entrenar por el circuito del primer día: Sos y Liri. Regreso a tiempo del desayuno para empezar a preparar la jornada.
Expedición multitudinaria a Aigualluts que emprendemos prácticamente todas las familias: en total, una caravana de siete coches. Aparcamos en los llanos del Hospital y formamos en la cola del autobús ante las caras de asombro de los que ya estaban allí.
Llegamos a la Besurta y empezamos a caminar hacía Aigualluts por la senda. El camino se hace entretenido por la tropa que somos. Pasamos el Forau, espectacular, y nos tenemos que detener ante un rebaño de más de quinientas vacas manejado tan solo por tres perros. Después del atasco llegamos al Pla de Aigualluts, nos extendemos a lo largo del rio para descansar y almorzar mientras los críos se desperdigan jugando por el prado.


Poco a poco se van marchando los demás por grupos y los que quedamos decidimos ascender por el valle hasta el Coll de Toro. Viendo lo largo del camino las chicas y los niños se vuelven y continuamos Quique, Alberto y yo. Después de casi una hora llegamos al Ibón de Toro, me pego un baño rápido y nos volvemos. Bajamos a ritmo fuerte y en otra hora estamos ya con las chicas en la Besurta, a pie del autobús.
A la vuelta, unos refrescos en Benasque y zapatillas nuevas para Silvia.

Dia 17. Martes. Gorgas de Alba y Botánico. Piraguas en Eriste.
De nuevo gran expedición, aunque un coche menos esta vez. Con un poco de lío en la salida, que si te espero, que si pongo gasolina, que si hay mucha cola, que si continúo y nos vemos en el Turpi… bueno, al final todos juntos en los llanos del Turpi, justo debajo del balneario de Los Baños de Benasque.

Vamos a hacer el recorrido circular por el sendero de las Gorgas de Alba y el Botánico. Recorrido agradable y fácil, con espectaculares cascadas y atravesando bonitos bosques. Lo mejor al final, el almuerzo en los prados al lado del río, con baño incluido, esta vez en agua helada que corta la respiración. Los niños se desperdigan explorando el entorno por una zona sin peligro y muy agradable para descansar.
Subimos al destartalado y caduco edificio de los Baños a tomar un café. A pesar de lo feo que es siempre se encuentra cierto encanto en el aire tranquilo y vetusto que se respira. Paredes agrietadas, tejados rotos, cristales quebrados… no importa. Tomar un café en la terraza de los baños con las espectaculares vistas sobre el valle viendo pasar el helicoptero de rescate por debajo de nuestra cota es un privilegio. Nos marchamos las tres familias y al vernos salir los clientes respiran de alivio.
Pero la jornada no ha terminado, nos queda una visita al embalse de Eriste y el paseo en piragua. Decidimos aparcar en Anciles para cruzar paseando sus tranquilas calles y seguir el camino que pasa por detrás de Llinsoles hasta Eriste. Al cabo de una hora llegamos y formamos los grupos para montar en las piraguas. Hay que poner orden porque los crios quieren una piragua para cada uno o una para todos, todavía no lo he entendido, pero por fin nos arreglamos y, después de un curso acelerado de manejo de palas, embarcamos dispuestos a realizar la travesía del Amazonas.


Una hora remando persiguiendo cisnes, cruzando el embalse de parte a parte y molestando a los pescadores, llega a ser agotadora. Y para rematar, los chicos emprendemos el camino de vuelta a por los coches, ¡pedazo de caballeros! Yo estoy chopado y para no enfriarme me voy corriendo por delante. En unos veinte minutos estoy de regreso con el coche. Secamos a los niños, les cambiamos la ropa y al coche, para evitar resfriados. Al poco llegan Quique y Alberto y emprendemos el regreso a Castejón.

Día 18. Miércoles. Valle de Estós. Cena en la Borda, Cerler.
Otra vez nubes amenzantes en el valle. ¿Qué hacemos? Intentamos el Valle de Estós, nos arriesgaremos hasta donde lleguemos. La intención es subir por Batisielles, aunque en el fondo pienso que es exigir demasiado a los niños después de varios días seguidos de excursiones.
Salimos ya bastante tarde, casi a la una del mediodia. El cielo está muy nublado y los niños cansados. Entre protestas conseguimos pasar la presa, cruzar la palanca, la ermita de Santa Ana y finalmente llegamos a la verja. Allí las nubes se cierran más todavía y comienza a chispear. Nos refugiamos bajo la arboleda al borde del camino, nos ponemos los chubasqueros y después de tomar un tentempié nos volvemos a los coches. No ha podido ser. Ya de regreso nos cae un aguacero, pero cuando salimos de Benasque el tiempo aclara algo. Seguimos camino y en el parque de Villanova decidimos parar a merendar. Realmente nos tomamos los bocadillos de la comida pero a la hora de la merienda, en fin, cosas de las vacaciones. La tarde avanza y los niños están encantados jugando en el parque. Después de la comida vamos a por cafés, seguimos charlando y al final nos decidimos: vamos a cenar a La Borda. Reservo desde el móvil, recogemos las mochilas y al coche de nuevo. Aprovecharemos para dar una vuelta por Cerler antes de la cena.
En el restaurante ocupamos todo un rincon de la sala. Una mesa para los niños y otra para nosotros. Después de quedar más que satisfechos con unos buenos filetes de “auténtica vaca del Pirineo”, cogemos el coche con todas las precauciones para bajar un puerto más difícil que de costumbre.

Día 19. Jueves. Sendero Cerler-Benasque.
De nuevo otro día nublado. Sin embargo, no nos conformamos y emprendemos de nuevo el camino hacia Cerler para hacer el bonito sendero que baja hasta Benasque. Esta vez saldremos cinco coches desde Castejón y en Eriste recogeremos a otro, amigos de Yolanda, para llegar a Cerler donde charlamos un momento con Julia y Jose. El tiempo amenaza claramente lluvia. Pero, como si fueramos novatos, emprendemos el camino toda la tropa. La senda desciende cómodamente a través de los túneles formados bajo los árboles y la maleza. Para los críos es un camino muy divertido. Pero a los diez minutos empezamos a escuchar el sonido de la lluvia. Dentro del bosque no se nota hasta que la lluvia se convierte en aguacero. Ahora sí, las gotas atraviesan los árboles y nos acaban mojando. Para colmo, el sendero se ha convertido en un riachuelo que nos cala los pies. La decisión está clara: volver a toda prisa. En estas condiciones no se debe seguir. Por supuesto, llegamos a los coches y deja de llover. Pero ya mojados no podemos hacer nada más que ir a casa a secarnos. En fin, excursión frustrada, quedará pendiente para la próxima vez.
Tarde de en Benasque refugiándonos de un nuevo aguacero en el café de la plaza Mayor y haciendo algunas compras.

Día 20. Viernes. Entrenamiento Lavert. Estós, segundo intento. Acampada.
Hoy madrugo. A las 6’44 salgo por el camino del Solano hacia Lavert. Buen entrene, a ritmo fuerte y ligero. Dos únicas paradas, en Lavert y de regreso en la fuente de Ramastué. El tiempo magnifico. Ni una nube por el valle, solo pequeñas nieblas que se van disipando con el sol.
Silvia se queda esta vez en el apartamento con Daniel y Aitor. Vamos a intentar de nuevo el Valle de Estós. Cargamos mochilas y salimos. Las niñas están ya más que agotadas y el camino se eterniza. Viendo pasar el tiempo comprendemos que no podremos llegar a Batisielles, así que, después de pasar la Piedra, decidimos continuar la marcha por el Valle de Estós hacia la cascada de Turmo. Sin embargo, también este objetivo queda fuera de nuestro alcance, porque queremos estar de vuelta sobre las cinco de la tarde. Por fin, la Aigueta de Batisielles marca nuestro punto de retorno. Allí paramos un rato a tomar los bocatas, a descansar, y las niñas a jugar y a explorar por el río. Pero, ¿no estaban tan cansadas?


Nos volvemos. La mitad del camino de regreso la hago con Sandra y Laura, entretenido (y mareado) con su charla.
Por la tarde, ya en el apartamento, hay que terminar los preparativos a toda prisa para la acampada nocturna en Senarta. Silvia ya lo ha hecho casi todo, solo queda recoger mochilas, comprobar equipo y subir al coche. Salimos hacia Senarta y llegamos con tiempo suficiente para plantar las tiendas.


Al final, con las tiendas montadas en un claro bastante amplio y próximo al río, conseguimos extender una manta sobre la que echarnos a descansar, tomar unos bocatas, viendo como llega el anochecer. Después, con los niños blandiendo las linternas, emprendemos la exploración nocturna por el camino en busca de gamusinos. Por el bosque, en los lindes del camino, vemos moverse algunas ramas, pero no conseguimos ver ningunos de los huidizos gamusinos. Por fin nos damos la vuelta y nos relajamos viendo las estrellas. Nos metemos en las tiendas y nos dormimos escuchando el sonido del rio.

Día 21. Sábado. Barbacoa y río.
La noche de la acampada fue algo accidentada para algunos. Por la mañana, buenos días, ¿qué tal? Fatal, me contesta Alberto, y me cuenta lo ocurrido. Eva con fiebre, Leire con fiebre, total, que le ofrecemos quedarnos con Aitor en la barbacoa mientras él se ocupa de las chicas.
Tardamos en recoger las tiendas esperando que el sol seque la humedad y, por fin, llegamos sobre las doce del mediodia a la barbacoa. Leña, fuego, chuletas y rio. Hace sol y apetece bañarse. Aparecen Jose y Marta y nos cuentan su viaje por Islandia.


Los niños disfrutan de los juegos en la chopera y Sandra da un traspiés: torcedura de tobillo que acaba en el Centro de Salud con una venda inmobilizándole la pierna y pendiente de radiografías.
Comemos, tomamos café en el camping, y alargamos la tarde hasta el final para apurar el último día de vacaciones en los Pirineos.

Día 22. Domingo. Regreso.
Con las caras un poco largas y sentimiento de tristeza como siempre que acaba algo que estás disfrutando, recogemos el equipaje. Todos estamos de acuerdo: los diez días se han quedado cortos. Pero lo hemos pasado fenomenal con las excursiones, paseos, juegos, exploraciones… Nos acordamos de nuestras “grandes aventuras”: del barranco de Gabás, del Coll de Toro, de las piraguas, del aguacero en la senda de Cerler, de la cena en la Borda, de la acampada…


Y lo mejor, las experiencias compartidas entre familia y amigos.

viernes, 28 de mayo de 2010

UNA MARATÓN POR EL TURIA

Uno empieza a correr y nunca sabe hasta dónde llegará. No era la mejor tarde, ni tenía el mejor día. Un poco cansado después de una semana de rodajes largos y todavía con la paella y la cerveza peleando en el estómago. Pero, después de equiparme en los vestuarios de las pistas de atletismo del río puse el GPS a cero, bebí un trago largo en la fuente y empecé a correr río arriba.
Los primeros cientos de metros fueron muy duros. Sentía la tensión por los suelos y pensaba que apenas dos o tres kilómetros más arriba me daría la vuelta. Ya estaba atravesando el parque de cabecera y con vistazos rápidos al GPS me daba cuenta de que no estaba tan mal. Había alcanzado fácilmente los 5’30” y las malas sensaciones iban remitiendo.

Comienzo el camino del parque fluvial desde el Molí del Sol y sigo reservando. Todavía no preveo en que punto volveré pero prefiero sentirme cómodo y no estoy en condiciones de apurar. La temperatura es agradable, apenas el sol se ha asomado por algunos huecos entre las nubes, pero no llega a molestar. Alcanzo la V-30, desciendo al cauce nuevo y en el azud de Quart vuelvo a enlazar con el camino del parque fluvial. El avance es cada vez más cómodo y solo se interrumpe con varias llamadas telefónicas que me obligan a parar de correr y seguir caminando por unos metros. Así y todo de los 5’30” iniciales paso fácilmente a las los 5’15” y así me mantengo durante un buen tramo. Los kilómetros siguen pasando, atravieso por debajo los puentes de la carretera de Manises y del by-pass y me encuentro por fin en la Presa, disfrutando del camino bajo la espesa arboleda. Solo un problema: las fuentes siguen sin estar terminadas y no hay forma de reponer líquidos. Algunos ciclistas, algunos corredores, pero nada que ver con la masificación de los domingos.

Las sensaciones siguen siendo muy positivas y alcanzo, aún reservando, los 5’12”. Llego a la Masía de Traver, ya son 18km acumulados y hace ya un rato que he decidido continuar. Pienso que no va a ser fácil por dos motivos: llevo un acumulado de los últimos diez días de 116km y no hay ninguna fuente en todo el camino. El primer problema se resuelve manteniendo un ritmo suave, pero el segundo es más delicado. Pese a mantenerse nublado, el nivel de humedad es elevado y pierdo mucho líquido con el sudor, que me empapa completamente. Sigo avanzando ya superado el último punto de retorno conocido y, con la vista puesta en Ribarroja, confío en encontrar una fuente en el pueblo.
Por fin Ribarroja, aparecen los puentes a la entrada y ya son 20,5km. Subo por las primeras calles con la esperanza de que aparezca la fuente, pero nada. En el km 21,2 me doy la vuelta armándome de valor para afrontar el regreso “en seco”. No me encuentro mal pero me temo que la falta de avituallamiento me pasará factura. Inicio el camino de regreso y los carteles de “BTT almuerzos”, “Refrescos”, etc., me torturan más que la dureza de los kilómetros.

Y así es, al cabo de 5km la sensación de espesor en el cuerpo por falta de líquidos me va invadiendo. Previendo cómo puede empeorar la situación aflojo el ritmo y voy viendo pasar del 5’12” al 13”, 14”, 15”… La disminución de ritmo ya no es voluntaria sino forzada por la incapacidad de mover la piernas con una mínima agilidad.
La visión de las sucesivas etapas, ya conocidas, me va dando alientos para continuar. Llega de nuevo la Presa, alcanzo el by-pass, Manises, Quart de Poblet, la V-30, Mislata, alcanzo el tramo del campo de tiro y aquí toco fondo. Me arrastro miserablemente y la velocidad media ya ha subido a 5’25”. Solo me mantiene en pie la próximidad de la llegada, son solo 4km y en claro descenso. Cada paso es eterno, pasan las casetas de la pirotecnía, llego a la altura del parque de la Canaleta, la pistas deportivas de Mislata, por fin a la izquierda el Molí del Sol de nuevo con el Bioparc a mi derecha, apenas unos metros más y llegaré a una fuente, ¡mi primer y único avituallamiento en el kilómetro 40! Antes de beber me ducho prácticamente entero con la cabeza bajo la fuente. Es como revivir de nuevo, y solo cuando estoy bien empapado empiezo a beber largos tragos. Está nublado y empezando a lloviznar y mi aspecto es lamentable. El roze de los pezones me hace sangrar y he manchado la camiseta de sangre. Empapado y chorreando agua y sudor, con la cara desencajada y manchado de sangre, reemprendo el camino hacia las pistas de atletismo sintiendo las miradas de estupor de la gente que pasea tranquilamente. Solo queda descender hacia el puente 9 de Octubre y recorrer el último kilómetro con las fuerzas y el ánimo renovados por la fuente. Los últimos metros me llevan al punto de llegada con 42,32 km recorridos, a 5’25” y un trago de agua. Vestuarios, ducha, coche y casa.



Me peso al llegar, ¡65kg!. Tras haber bebido hasta la saciedad en la fuente a la llegada, la pérdida de líquido ha sido de casí 4kg. Me preparo una jarra de agua con Isostar, me como dos naranjas, tres kiwis, un plátano, una ensalada gigante, tres rebanadas con guacamole, un vaso de leche, media lata de atún y le pregunto a Silvia: ¿cuándo cenamos?

martes, 25 de mayo de 2010

VUELTA AL TRABAJO

De vuelta a los entrenamientos habituales me he propuesto dos objetivos (y que me perdonen los entrenadores, seguro que mis planteamientos son penosos, pero ¡para lo que me pagan…!):

- Recuperar un volumen alto de kilometraje semanal. Salvo las tres primeras semanas de enero con más de 80km cada una, el resto se me ha ido tonteando con los 40 y 50km, y así no hay mejora posible. Es cierto que la Maratón de Valencia me dejó muy tocado y he tardado en recuperarme más de un mes, pero ahora que no siento molestias es hora de aumentar el volumen y asimilarlo bien.

- Trabajar los cambios de ritmo, los progresivos y los rodajes largos. Sobre todo, variedad. Ya que la pista me aburre, y es fácil sobrecargarse haciendo series en ella, me decido por el exterior, donde puedo introducir todas las variantes que quiera.

La recuperación del UTMDA ha sido muy rápida: la primera semana contaba 43km, la segunda 84, la tercera 85, y espero seguir en esa línea.

En general me están saliendo muy buenos progresivos, consigo incrementar la velocidad gradualmente, acabando siempre muy por encima de la velocidad inicial. También introduzco cambios de ritmo, pero me falta trabajarlos con más disciplina. Y de lo que estoy más satisfecho es de los rodajes largos. Un primer largo de 26km y el segundo, con 34km, con muy buenas sensaciones, preparatorios de lo que será el próximo mini-proyecto: una maratón en autosuficiencia por el nuevo (y todavía sin acabar) Parque Fluvial, que discurre a lo largo del rio desde el Parque de Cabecera.

Rio Turia

Para está maratón no hay inscripciones, ni avituallamientos, ni público. Es un recorrido de ida y vuelta desde el Parque de Cabecera hasta aproximadamente Ribarroja, por la pista que discurre a orillas del rio Turia, esta vez un rio de verdad y no un cauce sin agua. Atraviesa rincones especialmente bonitos y, sobre todo, completamente desconocidos para la inmensa mayoría de los habitantes de Valencia. Recuperar todo este entorno sería una de las obras más beneficiosas para una naturaleza tan próxima a la ciudad y para las gentes que vivimos aquí. Si el proyecto se termina alguna vez y se consigue mantener en condiciones, será algo de lo que enorgullecernos.

Cuando el domingo pasado hice la primera aproximación, de 34km, siguiendo la pista ida y vuelta hasta Masía de Traver, desde las 6.30 de la mañana iba disfrutando del amanecer durante todo el camino de ida. El murmullo del rio, hasta entonces desconocido, sonaba de fondo bajo los gorjeos de los pájaros que estaban despertando. Arboledas umbrías, barrancos erosionados por las sucesivas riadas, pequeños huertos alrededor y labradores tan madrugadores como yo iban desfilando a mi paso. Otras zonas no tan idílicas se mezclaban también por el paisaje. Campos abandonados, cañaverales excesivos que obstaculizan el rio, fuentes secas y rotas, y lo peor: un cruce demasiado estrecho sobre la V30 y un descenso al tétrico nuevo cauce, puro desierto de hormigon, hecho para desanimar a cualquiera.

El proyecto está abierto, bastará que encuentre el tiempo disponible para llevarlo a la práctica.

martes, 4 de mayo de 2010

NO PUDO SER: CRÓNICA DEL ABANDONO


Esta vez no hubo camiseta de finisher ni aplausos en la llegada. Tan solo silencio. Nadie en meta esperando. Solo el coche de la organización que me había traído de vuelta, alejándose en la oscuridad mientras yo me arrastraba y a duras penas conseguía alcanzar el mio para abrir la puerta entre temblores de frio. Sabor amargo, frustración y rabia. Se acabó la aventura.


El viernes a las 23.00h tomábamos la salida un grupo de unos 80 corredores. Mochila preparada, zapatillas ajustadas, bastones en las manos, todo listo para empezar. Por delante un mundo por recorrer: Els Plans, Aitana, Puig Campana, Serrella, Benicadell y Montcabrer. Tres sierras que atravesar: Aitana, Serrella y Mariola. De Alcoi a Sella, Finestrat, Guadalest, Fageca, Beniarres, Agrés y de nuevo Alcoi. La Via Verde nos conduciría a través de los primeros túneles hacia la montaña. Se trata de la I UTMDA: Ultra Trail Muntanyes d’Alacant, una travesía de montaña de 160km, 7500m de desnivel positivo acumulado, a realizar en menos de 40 horas.


Salí con muy buena compañía, Antonio y Raimundo, compañeros de Alfondeguilla-Javalambre y Gr10-Xtrem, y casi sin darnos cuenta nos plantamos en Aitana, y de ahí a Sella en un suspiro, alrededor de las 8h'. El Coll del Pouet, Finestrat, calor, calor, otra vez Coll del Pouet... Sin embargo ahora los km pasaban muy despacio y las horas muy deprisa. Guadalest nunca llegaba y Raimundo no soportaba más los problemas en los pies. Al final, con Guadalest al fondo del valle, Raimundo nos pide que sigamos, que él abandona. Nos vamos adelantando Antonio y yo, y por fin llegamos a Guadalest, serían alrededor de las 15h. En las montañas de enfrente (creo que la Serrella) se ven nubes amenazantes, me preocupa bastante. Dudo..., me asustan las tormentas en montaña... los rayos... Por fin me decido y continuamos, justo cuando entra Raimundo. Nos despedimos de nuevo, nos desea suerte y salimos de Guadalest. A los 10 minutos empieza a llover. Se oyen truenos de fondo. Un rayo cruza el cielo en horizontal. Otro cae en picado. La tormenta está lejos, pero vamos hacia ella. Llueve cada vez más espeso y con algo de granizo. Nada que ver con lo que ocurrió en Fageca, a nosotros nos cogió mucho más suave. Seguimos avanzando hacia la subida "infinita", el desnivel más pronunciado de toda la carrera. Antonio y yo avanzabamos a buen paso, por la pista de asfalto, cemento y finalmente tierra y barro.


Por fin llegamos al control de Castellet y allí nos contaron la tormenta salvaje, los abandonos de las dos chicas que nos habían pasado y lo que habían padecido bajo la tormenta en el control, teniendo que resguardarse donde pudieron. Recuperamos fuerzas y, creo que alrededor de las 18.30 continuamos. Ya teníamos la sensación de que eramos prácticamente los últimos, que la tormenta había sacado de carrera a un monton de corredores. Seguimos con la subida hasta coronar la Serrella entre nubes y algún trueno. Había momentos que costaba ver las cintas, pero en ningún momento tuvimos la sensación de perdernos. Alcanzar la cima fue emocionante con las vistas espectaculares a ambos lados. Emprendimos la bajada con la esperanza de ver pronto Facheca, pero... Fageca nunca llegaba. Detras de una bajada venía otra subida. Si había un collado y un pico, no lo dudes, el camino iba por el pico, no por el collado. Tras este continuo rompepiernas alcanzamos la Cava de la Neu, un paraje excepcional que aun en el estado en que me encontraba lo disfruté como el que más.

Otra bajada más, y Antonio que se iba adelantando poco a poco se gira, justo al comienzo de la bajada y me mira. Comprendo la mirada, y me decido a hablar: “Antonio, sigue tú, yo me quedo en Facheca.”


La decisión está tomada. No estoy desfallecido. No me he mojado porque llevo muy buen chubasquero. Los pies están aguantando muy bien, de hecho no tengo ninguna molestia de importancia. Tampoco tengo problemas de estómago, ni torceduras, ni golpes ni nada. Solo es miedo. Miedo a 60 kilómetros subiendo al Benicadell, al Montcabrer, a pasar otra noche con riesgo de tormentas, piedra, niebla, a perderme...

Antonio se va alejando y yo continúo con la bajada, poco a poco, aún a hora y media de Fageca. La senda es endiablada y el avance lentisimo, pero como siempre, después de la tormenta sale el sol, y vuelven los ánimos. El camino precioso, ahora que me he quedado solo me lo tomo con mucha calma y voy disfrutando de cada rincón, de cada montaña. Por fin aparece Fageca al fondo del valle, pero la senda se alarga sin fin. A pesar del barro y de los montones de granizo avanzo bastante rápido, incluso me permito correr en los tramos suaves y en las bajadas, y antes de oscurecer llego al pueblo.


En parte sensación de victoria por haber llegado hasta aquí, y en parte tristeza por la decisión tomada. De lo cual ya no tengo ninguna duda, es más, me he sentido mucho más tranquilo y he disfrutado del último tramo. ¿Podía haber continuado? Seguro que sí. Pero, ¿hasta donde? Y, ¿en qué condiciones? De lo que estoy seguro es que no me atreví. No me sentí capaz de afrontar una segunda noche, solo, con riesgo de tormenta, ropa mojada y bastante agotado fisicamente.


En fin, siento el rollo pero me he quitado un peso de encima. Y además, pese a la frustración del abandono (no os diré lo que sentía cuando, desde mi coche, descansando antes de volver a casa, oía los aplausos a los finishers, a las 2, a las 3, a las 4 de la madrugada... ) me siento contento de la decisión tomada, ya que, estoy más seguro que nunca, que no hubiera llegado a meta.


¡Nos vemos en la próxima!

miércoles, 7 de abril de 2010

UTMDA: Previos

¡Bienvenidos al Ultra-Trail Muntanyes d’Alacant! No os decepcionará. Maravillosos paisajes. Paseos nocturnos. Sol, montaña, playa (a lo lejos… ). Cumbres: Aitana, Montcabrer, Puig Campana.

Degustación gastronómica en 13 puntos del recorrido. Dos cambios de ropa. Barra libre. Régimen pensión completa con lugares de pernoctación libres en plena naturaleza. Todo ello a lo largo de tan solo 160 km y menos de 40 horas. Eso sí, subiendo y bajando 15.000 metros de desnivel acumulado.

Fuera bromas, se trata de lo más duro que he hecho hasta ahora, en semi-autosuficiencia y non-stop. Una primera experiencia de otro concepto de correr por montaña.


ULTRA-TRAIL MUNTANYES D'ALACANT

Además, ya hay lista de inscritos. Y… ¡es cierto!, ahí está mi nombre, ¡en qué estaría pensando! Ahora ya no hay marcha atrás…

Seremos 84. Para 160 km. Más o menos, uno cada dos kilómetros. No es precisamente una procesión. Desde luego, tapones no habrá.

Como la mayor parte de las cosas que hago en esta vida, no lo había planificado. Por lo menos conscientemente… En realidad, cuando vi el anuncio de la Ultra-Trail pensé “uf, otro año será, todavía no estoy preparado”. Pasaban los días, las semanas. Entraba en los foros y siempre me tropezaba con el mismo post: UTMDA… Pasó el GR10-Xtrem, pasó la Maratón de Valencia y yo seguía sin planteármelo. Mi calendario estaba muy tranquilo hasta la Mim, después, ya en verano, vendría el Gran Trail del Aneto, posiblemente continuara con el CMA Javalambre Trangoworld y la Maratón de Castellón y las medias maratones de Castellón y Valencia. ¿Por qué complicarme? Un “pateo” de 160 km subiendo y bajando barrancos, montañas, hora tras hora, una noche, y otra noche… Y de repente, una mañana, delante del portátil, me encuentro dando el ok a una inscripción. Destinatario: Ultra-Trail Muntanyes d’Alacant, UTMDA.

Y a partir de ahí, el despliegue: material necesario, cuadros horarios y entrenamientos específicos. Es la parte “logística” de la carrera, la que te puede conducir a meta o al abandono.

Video


MATERIAL

Aprovecho para renovar parte del equipo: zapatillas técnicas de montaña Salomon, mochila tipo Camel bak 27/2 litros, frontal Petzl MIO XP 85/150 lumens. En total, la lista de material se compondrá de:

Camel bak 27 litros (depósito 2 litros)
Vuelvo al sistema Camel bak después de varias experiencias con bidones en mochila y en cinturón no muy satisfactorias. Aumento la capacidad hasta 2 litros para ganar autonomía y prevenir deshidratación por altas temperaturas.

Ropa (puesta o en mochila)
La salida es a las 23h del viernes. El primer recambio de ropa lo encontraré a la mañana siguiente y el segundo al caer la noche del sábado. Si hace buen tiempo solo necesitaré ropa de abrigo a la salida, pudiendo dejarla en el primer recambio, para volver a equiparme contra el frio en el segundo recambio.
  • Polar negro
  • Cortavientos
  • Camiseta técnica manga corta
  • Camiseta técnica manga larga
  • Guantes
  • Buff
  • Mallas largas
  • Gorra
  • Zapatillas técnicas montaña
Accesorios
Creo que el GPS va a ser imprescindible, pero espero obtener gran ayuda del road book de la organización. Llevaré el track entero (4000 puntos) cargado. He escogido una frontal muy potente y ligera, de Petzl. Los bastones también formarán parte del equipo, aunque en ocasiones sean una molestia, compensarán de sobra en el último tercio de carrera.
  • Road book
  • GPS
  • Frontal
  • Bastones

Seguridad
¡Espero no necesitar nada de esto!
  • Manta térmica
  • Venda adhesiva
  • Móvil
  • Silbato
  • Luz roja trasera
  • Reflectante
Alimentación y cuidado
Hay 13 avituallamientos repartidos a lo largo de los 160 km cada 10/12 km aproximadamente, por lo que hay que prever intervalos de 2 a 2’30h de marcha entre ellos. Además de los hidratos de carbono, imprescindible reponer las sales minerales.
  • Geles/frutos secos
  • Pastillas Isostar
  • Vaso
  • Agua 2 litros
Varios
Documentación, dinero, llaves

Bolsa intermedia 1
Preveo llegar por la mañana. Cambio de ropa mojada por ropa seca. Por si hay algún problema, zapatillas de recambio. Y vaselina, mucha vaselina. En los pies, claro.
  • Ropa recambio
  • Zapatillas recambio
  • Toalla
  • Vaselina
Bolsa intermedia 2
Si llego hasta aquí será necesario reponer ropa de abrigo además de sustituir la que esté mojada. Más vaselina, y en los pies, claro. Control de zapatillas por si hay que cambiarlas.
  • Ropa recambio
  • Ropa abrigo
  • Zapatillas recambio
  • Toalla
  • Vaselina
Bolsa de meta
Si llego al final nada mejor que una ducha calentita, ropa limpia, cremita en las rozaduras, cervecita, y dormir, dormir, dormir…
  • Ropa recambio
  • Ropa abrigo
  • Zapatillas recambio
  • Toalla, gel, ducha.
  • Vaselina

ETAPAS Y CUADROS HORARIOS
Los parciales anotados se han calculado de forma estimada, teniendo en cuenta los cierres de controles (tiempo máximo 40 horas) e interpolándolos al tiempo del mejor corredor (21 horas). Luego he calculado la media entre ambos extremos para tener mi propia referencia.

He dividido el recorrido de dos formas:

1ª. En tres etapas marcadas por los puntos de recambio de ropa en los km 63 y 124, con tiempos medios de 10:52, 11:37 y 8h en cada intervalo.

2ª En cuatro etapas que simulan otras tantas maratones de montaña aproximadamente, para tomar como referencia la maratón de Espadán, por desnivel, y calculando alrededor de 8 horas por cada tramo salvo el segundo que serían 6:22h.

Si hay una palabra clave de la carrera, esta va a ser “dosificación”. Va a ser difícil retener el ritmo en los primeros tramos reservando para el resto, sobre todo cuando el resto es tan largo. Habrá que huir de las falsas sensaciones de fuerza y resistencia, y dejar las “alegrías” para el final. Las incógnitas que se me plantean son:

¿cómo afrontaré la segunda noche?
¿cómo afectará el sueño a la percepción, a la atención, a las decisiones?
¿cómo responderá el cuerpo al último tercio de carrera, donde llevaré acumulados casi 4.500m y quedarán más de 3.000m de desnivel positivo?
¿cómo afrontaré psicológicamente una pérdida o caida?
¿cómo superaré la barrera del abandono?
¿será en esta carrera mi primer abandono?

Las respuestas solo las podré dar después de la carrera. De momento, y en estos días de preparación, cada detalle del entrenamiento, cada detalle del equipo y del estudio del recorrido, deben ir encaminados a prevenir las máximas dificultades representadas por las preguntas anteriores. Control mental y reserva de fuerzas, esta va a ser la clave.

domingo, 21 de marzo de 2010

MARATON DE VALENCIA 2010



Un año de entrenamientos, carreras por montaña, medias maratones, y series, ¡por fin series!, así hasta 2010, febrero, el 21, la cita: MARATÓN POPULAR DE VALENCIA.

Un mes de enero complicado por el 10K y el GR10-Xtrem, y un febrero salpicado de catarros que, paradójicamente, me ayudan a llegar en las mejores condiciones a la maratón. A la fuerza tengo que interrumpir los entrenamientos para recuperarme del resfriado y aprovecho para descansar y no cometer el frecuente error del sobreentrenamiento.

Feria del corredor en el Hotel Sorolla: recogida del dorsal y paseo por los stands. ¡Zapatillas al 50%! ¡Deme las mejores! ¿Qué hacer? ¿Corro con las Pegasus de tres años y 1500km o con las nuevas ASICS T913N a estrenar? Rompo todos los tabús y me calzo las nuevas, si he de “cascar” que sea con motivos.

Despertador a las 6,30, tiempo suficiente para desayunar y llegar a tiempo a la salida sin prisas. Aparco detrás de Viveros, calle Jaca, y paseo hasta la Alameda. Día frio y nublado, son las 7,45 y me dirijo hacia los guardarropas para quitarme el chandal y dejar la bolsa de equipaje. Ahora ya no hay más remedio que trotar para no quedarme helado. Se acerca la hora de la salida, abren los cajones y paso al mio: 3’30, para un tiempo objetivo de 3,15.

Cuenta atrás… y por fin, pistoletazo de salida, y ya estamos corriendo. Primeros metros como siempre, defendiendo la plaza en medio del grupo. Busco desesperadamente la escapatoria, no me gusta correr rodeado, prefiero marcar mi ritmo. Por fin, a los tres o cuatro kilómetros consigo zafarme y, por un lateral, ¡soy libre! Se trata del grupo de 3,15. No me quiero separar mucho de ellos, pero prefiero correr separado.

Me propongo manejar ritmos de 4’35”, pero me encuentro muy bien y de repente me veo pasando los kilómetros entre 4’26” y 4’30”. Sé que debería aflojar pero disfruto demasiado para hacerlo. Paso los 10K sin novedad y en el avance hacia la media maratón tengo que seguir refrenándome, pero será hacia el km 30 donde comience a sentir los efectos del esfuerzo. Los ritmos caen hacía el 4’35”, no me preocupa puesto que era justamente lo previsto para toda la maratón, pero hacia el km 35 esto también empieza a ser difícil. El 4’41” hace su aparición, y para quedarse. Y en el avituallamiento del km 40 caigo a un 4’53”. Me rebelo contra esto y gracias a los ánimos de Chema consigo avivar el ritmo de nuevo. Parece que funciona, pero al cabo de unos minutos empiezan a aparecer unos amagos de calambres en los isquios. No, aquí tengo que tomar decisiones con la cabeza fría, he ido muy bien hasta ahora para jugármela al final. Reduzco considerablemente el ritmo durante unos momentos. Trato de recomponer mi mecánica, tengo la musculatura de las piernas bastante forzada y hay que soltarla. Esto va funcionando, poco a poco puedo recuperar la zancada, tan solo un kilómetro más, pero, ¿con que tiempo? Es el km 41, si no vuelvo a pinchar creo que tengo asegurado el sub 3,15. La recuperación de unos minutos atrás me ha hecho mucho bien. Ahora puedo ir aumentando gradualmente la velocidad. Cojo un lateral para no molestar a los otros corredores mientras acelero y voy superando los últimos centenares de metros. Última curva antes de meta. Corremos en pasillo, es emocionante. Encaro la recta de llegada, veo al fondo el crono que va marcando los segundos, ¡estoy en el 3,13!, un esfuerzo más, una última aceleración y ¡conseguido! Finalmente, 3h13’49”, arañando 5 minutos a la marca del año pasado.

El último esfuerzo me ha costado una sobrecarga en la pierna izquierda, en vete tú a saber qué músculo. Me detengo cojeando, a duras penas puedo dar unos pasos hacia la la zona de descanso, retirada de chip, refrescos, medallas, etc. Pienso en que apenas unos minutos atrás estaba corriendo sin sentir ningún dolor, sin otro pensamiento en la mente que la meta, el crono, marcando el ritmo con cada zancada. Ahora siento mil alfileres clavándose en mis pies a cada paso. Preveo un mes de recuperación. No ha sido uno de mis peores excesos, pero he estado cerca del límite.

Hoy acabo de escribir esta crónica y de forma algo apresurada. Justo un mes después de la carrera. Hoy he hecho mi primer entrenamiento largo: 28km por la via fluvial del Turia. Solo he podido mantener el ritmo hasta el 23, a partir de ahí los últimos 5km han sido nefastos. La única fuente del recorrido (en Manises), está seca. Las zapatillas no me han ido bien, mejor reservarlas para distancias cortas.

La maratón es una carrera dura, muy dura, y con una sombra demasiado alargada. Pero todavía no ha terminado…

jueves, 21 de enero de 2010

GR10-XTREM. TRAVESÍA AL INTERIOR



¿Qué nos mueve a recorrer más de 90 km por senderos imposibles, por las sierras más desoladas y más despobladas?
Alrededor de 100 corredores tomabamos la salida el sábado 16 de enero, desde Puçol, para enfrentarnos a la travesía del GR10 en su tramo valenciano. Travesía al interior de nuestras tierras y que a muchos nos llevaría también al interior de nuestra mente, en la soledad de los páramos del Bellido.

Preparación del equipo muy rápida. Es ya la cuarta travesía de más de 90 km que afronto y no le doy muchas vueltas al material. Tampoco voy a hacerla competitiva, quiero conocerla bien y disfrutarla, así que la convierto en parte en un banco de pruebas, tanto físicas como de material.Y, en efecto, llevaré botas de treking y dos bastones, algo que no había hecho hasta ahora. Respecto de la protección contra el frío, guantes, buff, gorro, forro polar y cortavientos serán también objeto de prueba. Asimismo probaré distintos tipos de comida, barritas, geles y frutos secos. Respecto a la hidratación, llevaré dos botellínes, uno de cinturón y otro en la mochila. GPS, frontal, manta térmica, luz y silbato de emergencia completarán el material.

Despertador a las 4 a.m. Me levanto de un salto y el ritmo de las pulsaciones empieza a subir. Desayuno mi habitual café con leche sin mucho entusiasmo porque no tengo hambre. Me calzo, termino de recoger los últimos detalles, me pongo la mochila y abro la puerta para salir. La familia sigue durmiendo tranquilamente. Oigo sus respiraciones profundas y pausadas. Última mirada al interior en penumbra. Me siento como un furtivo escapando, pero satisfecho, todo queda en orden hasta mi vuelta.

Llegamos a Puçol a poco más de las 5 de la madrugada. Ya empieza a haber ambiente de carrera. Corros de corredores, charla y caras conocidas. Sacamos el dorsal y pasamos el control de material obligatorio. Nos proporcionan la luz de emergencia y un mapa. Últimos ajustes del material, unos frutos secos para salir con los depósitos bien cargados y foto de salida. Esto ha empezado.

Primeros metros saliendo del polideportivo, por la carretera hacia el Monte Picayo y primeras impresiones. La mochila se mueve en exceso, falta el ajuste del pecho y con el trote las correas de los hombros se salen constantemente. El cinturón con el bidoncito va bien ajustado, pero el GPS colgando también me golpea. Las botas de momento se comportan bien. Aun siendo asfalto, puedo mantener el trote sin esfuerzo y estando fresco apenas noto los pocos gramos de más que pesan. La frontal no me sorprende, se comporta tan mal como siempre, se mueve y la iluminación es escasa.

Dejamos el asfalto y empezamos el sendero que sube al “Claro de Luna”, en Peñas de Guaita. Vienen a mi mente recuerdos de otras épocas. Como si fuera real, veo unos niños, ataviados con grandes mochilas y botas rígidas, subiendo el sendero, llenos de emoción, nerviosos y sudando por el esfuerzo. Veo esos niños encaramados en las rocas de Peñas de Guaita, con caras de esfuerzo y felicidad por la aventura. La Babaresa, la Chimenea, la Examen, la Piteras… hace muchos años. Cuando superabamos cada vía de escalada y llegabamos arriba, yo miraba al otro lado de las paredes hacia el interior, intrigado por el paisaje ondulado y montañoso que se extendía hasta el horizonte. Difícilmente podría haber imaginado que treinta y cinco años después volvería aquí a emprender ese camino.

Superadas las Peñas de Guaita no queda más que bajar con cuidado por un terreno muy pedregoso donde varios tropezones seguidos amenazan con romperme las narices contra el suelo. Las botas han cedido mucho, y aunque el agarre es bueno tengo poca seguridad en la pisada. Los bastones no molestan, pero con todo el equipo a la espalda dando tumbos me siento como un cachivachero ambulante.

El recorrido nos llevará al primer control, el de Segart, donde reponemos liquidos y nos alimentamos un poco. Hemos llegado a las 8h, con media hora de adelanto sobre el previsto. Guardamos las frontales, mochila a la espalda y retomamos el camino.

El equipo ya está mejor acoplado. La mochila ya no se mueve y me siento mucho más cómodo. Los pies van muy bien, únicamente siento las botas un poco sueltas, preferiría llevarlas más apretadas.

El siguiente tramo nos llevará a Serra, pero antes tendremos una sorpresa: la Canal del Garbi. Es un barranco con fuerte pendiente que va cerrándose y haciéndose más vertical, hasta que hay que trepar con las manos. Afortunadamente, una cadena nos ayuda en los pasos más difíciles, y resulta finalmente un tramo muy interesante y divertido aunque delicado para formar parte de un GR. Aquí me saluda Alejandro, que me ha reconocido de la Nuria Queralt. Cruzo unas palabras, alegra siempre encontrarse con compañeros de carreras, pero poco después irá quedándose atrás y dejamos de verle.

Llegamos a Serra muy bien, manteniendo todavía cierta ventaja sobre el previsto. Por delante una etapa larga, la más larga, con tres horas hasta Gátova. Aquí los ritmos se hacen más suaves porque los desniveles se van acumulando. Encontramos pista, senda, bosque, pedregal… y nos cruzamos con bastantes ciclistas de montaña. A tramos vamos solos y a veces coincidimos con otros corredores, pero el ritmo va deteriorándose y haciéndose cada vez más irregular. Finalmente, llegando a Gátova, Ramón me dice que no sigue, que se queda. ¿Qué ocurre? Malestar general, flojedad, dificultad de mantener ritmo… Trato de convencerle para que se una a otro grupo de atrás más tranquilo, pero no hay ánimos, se quedará en Gátova. Le dejo yo entonces y, tras un largo rodeo del sendero sobre las colinas que rodean Gátova, emprendo el camino de bajada al avituallamiento, donde un arroz con tomate me sabe a gloria. Supero el control de material obligatorio, relleno el bidon y prosigo. ¡Error! No he llenado el bidón de la mochila, solo el del cinturón. Bueno, ahora no voy a volver atrás, así que confío en que no salga el sol y en la posibilidad de rellenar en alguna fuente.

Me cruzo con un par de corredores, pero sigo con mi ritmo y quedan atrás. Al poco me acerco a otro, caminamos un tramo juntos pero yo sigo con mi ritmo y lo supero también. Sin embargo, al cabo de unos minutos consulto el GPS y ¡el track se ha evaporado! Bueno, un despiste más. Alejo el zoom y veo que me he alejado unos cuatrocientos metros, no hay problema, troto rápido la bajada hacia la senda y veo a Eduardo de nuevo. Se queda sorprendido de verme y le explico: ¡me he dado un paseo!. A partir de aquí y hasta La Pobleta continuaremos juntos la travesía.

Los minutos van transcurriendo y la tarde también. Aun queda bastante sol, y el calor se nota en algunos tramos. He acabado con el agua del bidón y no aparece ninguna fuente. Me tomo dos geles confiando que me sienten bien. Son bastante líquidos, aliviarán en parte la sed. Almendrás saladas, barritas, higos secos… voy alimentándome mientras corremos, haciendo malabarismos con los bastones en una mano, la mochila colgada delante y con la otra mano desabrochando cremalleras y sacando la comida. Decididamente, esto hay que mejorarlo. Con el calor sudo mucho aunque los calambres no aparecerán en toda la carrera. Sin embargo, otro problema me molestará hasta el extremo de hacerme parar en alguna ocasión. Se trata de un escozor de ojos muy fuerte, debido, supongo, al sudor, que no puedo eliminar y me cae sobre los ojos.

Finalmente llegamos a Montmayor, donde nos atienden de maravilla y nos reponemos un poco de la etapa. Por fin agua, relleno los dos bidones con el firme propósito de no volver a quedarme sin agua. Me siento mientras me como una barrita y Eduardo se quita las piedras de las zapatillas. Recuerdo las polainas que he visto en algún corredor, y me propongo conseguir unas para la próxima carrera. Parecen muy útiles para evitar la entrada de piedras. Me miro las botas. Aguantan bien los kilómetros, mantienen un buen agarre y sobre la nieve que ya hemos pisado no han planteado ningún problema. Me miro las piernas. Algunos arañazos, pero sin mucha importancia. Veo los gemelos hinchados, tensos, y el izquierdo está palpitando, como si estuviera pidiendo el regreso a la carrera. En la parte alta de los tobillos empiezo a sentir algo de dolor. Pese a tener la caña baja, las botas están empezando a hacerse sentir.

Bien, por delante tenemos un tramo de poco desnivel hasta Sacanyet, donde esperamos llegar antes de que nos alcance la noche. Reemprendemos el camino con calma, justo cuando llegan al control dos corredores más, Montse y Josep, que nos darán alcance en un despiste nuestro al saltarnos un desvío y tener que retroceder. Con ellos iremos compartiendo, más o menos juntos, el resto del tramo hasta Sacanyet.

A partir de ahora empiezan a evidenciarse los problemas con las botas. Al dolor intermitente en los tobillos hay que añadir la pérdida de dureza de la suela, hasta el punto de que siento las irregularidades del suelo y cualquier piedra me causa mucho dolor. No lo entiendo, justamente me decidí por unas botas de treking para pisar sobre una suela más dura. Sin embargo se ha convertido en una especie de chicle que no me protege en absoluto. Esto va a condicionar a partir de ahora el resto de la travesía. En los tramos pedregosos sufro mucho, tengo que cuidar la pisada para no hacerme daño, pero casi siempre es inevitable y tengo que aflojar el ritmo. Solo cuando aparecen tramos de tierra, hierba, o incluso nieve o barro, puedo desenvolverme bien.

Seguimos subiendo y los ventisqueros son cada vez más frecuentes. Son los restos de la nevada de la semana anterior, y por lo que se ve, debió de ser impresionante. El recuerdo es confuso y no sé si fue en este tramo o en el siguiente, pero de repente, en medio de la nada, aparece una pequeña tienda y un miembro de la organización, esperándonos en medio del frio y del viento. Un saludo y ánimo que ya estamos cerca. Pese a lo que llevamos encima no le envidio. Está resistiendo con toda tranquilidad las horas de frio y viento, controlando el paso de los corredores. Esto es una muestra de cómo la organización ha mimado a los corredores en esta carrera.

Por fin aparece Sacanyet. Al final de unos prados, sobre la nieve que cubre a tramos el camino de llegada, nos vamos acercando al quinto control. Al fondo, hay que dirigirse a la casa amarilla, nos habían indicado antes. Muy bien, un par de rampas y alcanzamos la casa. Allí vemos algún corredor que está reponiendo fuerzas. Caldo calentito, rellenamos bidones y comemos frutos secos y barritas. La planificación se va cumpliendo y hemos llegado de día. Son alrededor de las 6 pm, pero entre las montañas parece más tarde.

Montse y Josep han salido ya. También Antonio y otro corredor que ha llegado después de nosotros. Somos los últimos en salir, pero nos encontramos con fuerzas y con ganas de superar la próxima dificultad: el alto del Bellido.

A partir de aquí tendremos que volver a ponernos las frontales porque el anochecer está muy cerca. También aprovechamos para sacar los guantes, buff y gorro. Además yo me pongo el forro polar y el cortavientos. Al final, enfundado con todo el equipo, me encuentro perfectamente. En esta parte del material he acertado, me protege muy bien del viento y del frio.

Caminamos y trotamos sobre un terreno muy pedregoso. Los pies me molestan cada vez más. Sin embargo, otras sensaciones atraen mi atención. Ascendiendo ya en las lomas altas se puede ver una última franja de luz, de un rojo anaranjado, casi incandescente, destacando sobre un negro azulado metálico del resto del cielo. El viento sopla y mueve los matorrales que rodean el sendero por donde vamos culebreando. Estamos alrededor de los 1300 m de altitud, la cota máxima que alcanza la travesía.

Sin mucho más que recuerdos confusos por el sendero entre matorrales llegamos a Canales. Es el último control antes de meta. Nos tomamos un respiro donde los primeros ni siquiera se detuvieron, seis horas antes. Por delante la última dificultad, un pequeño desnivel de apenas cien metros durante unos cinco kilómetros, nos informan. Luego la bajada a Andilla y a un paso, La Pobleta. Muy bien, esto ya está, no hay que retrasarlo más, salimos y desaparecemos en la oscuridad de nuevo.

Al poco nos encontramos con otro corredor. No parece tener muy claro el camino y nos espera. Seguimos juntos hasta alcanzar la cota más alta y comenzamos el descenso. A partir de aquí ya se huele a meta. Las piernas nos piden más alegria y nosotros les correspondemos. Eduardo y yo nos vamos adelantando, distanciandonos del otro corredor, porque la atracción de la meta es irresistible.

Llegamos a una especie de barranco donde al fondo se ve Andilla. Como un espejismo, parece que nunca podamos alcanzarla. Por fin, la senda se convierte en camino y el camino en calle, ya estamos en el pueblo. ¿Por dónde se sigue? La Pobleta estará aquí mismo ¿no? “¡Ya estáis casí!”, nos dicen, “apenas un kilómetro y medio”. Bueno, pues vamos allá, la llegada va a ser un paseo.

¡Ja! Los organizadores debieron pasarlo muy bien cuando decidieron meternos por este último tramo. Dejando atrás las calles de Andilla, volvemos a internarnos en un barranco, esta vez con río incluido, y nosotros, incrédulos, vamos sorteando dificultades que ni nos imaginabamos a un kilómetro de meta. Bordeando el rio, saltándolo en ocasiones, seguimos avanzando hasta que Eduardo acaba metiendo los pies en el agua, mientras que yo, milagrosamente, salgo “ileso” del barranco.

La senda sube un pequeño terraplen, se convierte en pista, al fondo vemos luces y oimos voces, ¡es la meta!, ¡y también son los corredores que nos precedían! Vaya con el ritmo que ha impuesto Eduardo, prácticamente hemos alcanzado a los otros corredores.

En la oscuridad van apareciendo formas confusas, contornos que poco a poco van delimitandose y apareciendo el arco de meta. Ya está aquí, de repente y sin más ceremonias, hemos llegado y nuestros nombres estallan por la megafonía, entre la música del control de llegadas. Fotos, medalla de finisher, y alegría, mucha alegría en el recibimiento. Han sido 15h23', llegados en los puestos 33 y 34, y séptimo de mi categoría (veteranos). Preguntas de cómo estamos, bien , bien, ¿las duchas?, en seguida, primero las bolsas de equipaje, al fondo en esa sala, entramos, allí está mi bolsa, y en la pared de enfrente, una mesa, y sobre la mesa, ¡dos botellas de cerveza! Mientras bebo pienso que es uno de los tragos más merecidos del mundo.

A continuación ducha calentita, un buen plato de macarrones, entrega de premios (a los vencedores, claro) y autobús a las 23h.

Llego a casa alrededor de la 1 de la madrugada. Ha sido un largo día, 93km y más de 15h de travesía al interior.

domingo, 10 de enero de 2010

VALENCIA 10K


El 10 de enero de 2010 a las 10 de la mañana fue la primera carrera del año: el 10K. Después de esta ensalada de dieces, yo no conseguí el mio: bajar de 40’. Sin embargo estuve muy cerca: 40’40”, mejor marca personal en 10.000.

Mañana fría pero con sol. Para calentar vamos trotando por el rio hacía la Alameda, donde se da la salida. Algo de hielo en los charcos y bastantes corredores dirigiéndose hacía el mismo sitio. El termómetro de la primera fuente de la Alameda marca 0ºC. Perfecto, ni frio ni calor, un dia ideal para correr.

Todos nos hacemos los perezosos cuando se trata de quitarse el chandal y entregar la mochila al servicio de guardarropa, pero hay que hacerlo y sin pensarlo más me quedo en pantalón corto y camiseta de manga corta y buscando desesperadamente rinconcitos soleados donde refugiarme. A base de saltos y trotes intentamos mantener el poquito calor que nos queda pero no hay problema: esto ya está aquí, pasamos a los cajones, cada uno al suyo, que solo quedan quince minutos.

Estoy en el cajón intermedio, el que marca los tiempos entre 40 y 45 minutos. La intención es bajar de 40’, pero no quiero salir en el anterior cajón porque no tengo mucha confianza.

Cuenta atrás, y ¡salida! Empezamos los primeros trotes entre la aglomeración, ¡ay, como echo de menos las carreras solitarias! Siento una presión en los riñones, ¿será posible?, y sin pensarlo, de un manotazo aparto los nudillos que me están clavando en los riñones por la espalda. No solo hay que soportar los codazos sino que, además, algún gracioso cree que está en el derecho de clavar los nudillos en los riñones del prójimo. Dada mi reacción, estoy seguro de que tardará en volver a hacerlo. En fin, volviendo a la carrera empiezo a cabriolear entre corredores adelantándoles ¡de donde habrá salido toda esta gente! para intentar coger ritmo adecuado. A los quinientos metros la cosa se pone mejor, por lo menos ya hay espacio para manejar bien el ritmo, así que me pongo manos a la obra e intento recuperar los 4min/km.

No sé si será por el frio o por la resaca de las últimas fiestas navideñas, pero no hay forma de que logre avanzar con soltura y en los dos primeros kilómetros ya acumulo un retraso de 13”. En parte se debe al atasco de la salida, pero no tengo muy buenas sensaciones en las piernas, las siento un poco pesadas y entumecidas. En fin, sigo haciendo marcha como puedo, me trago varios sapos en forma de corredor que me adelanta casi flotando en el aire mientras yo tengo la sensación de correr con lastre en los pies.

La vuelta por Blasco Ibañez y los Viveros es fria, aquí el sol no ha entrado todavía. Encaramos de nuevo la Alameda donde noto que no voy a más, pero aún conservo la esperanza en el resto de kilometros que faltan. Descendemos la Alameda hacía el puente nuevo del Oceanográfic (no sé como se llama, el Puente del Arpa, supongo). En la rampa del puente mantengo como puedo el ritmo con la intención de hacer el cambio al subir por la marginal derecha del rio hasta el Puente de las Flores. Lo intento, lo intento, pero el crono manda y los segundos pasan inexorablemente. Total, el retraso se va acumulando. Veo pasar por cada km el retraso de 20”, 24”, 30”, ¡atención!, 34” y la cosa va a más. Así llego al km 9 con 36” de retraso sobre el objetivo, doy la vuelta a la rotonda de la Avda. Aragón y encaro la recta de meta agotando los últimos recursos, pero con tranquilidad, ya sabiendo que no bajaré de 40’.

Finalmente, 40’40”, cifra redonda, pero que espero que dure poco en mi curriculum. Me voy con el firme propósito de portarme mejor, hacer más series y menos ultras. Por cierto, el sábado próximo tenemos el GR 10-Xtrem… incorregible.