martes 17 de enero de 2012

GR10-XTREM 2012: BUENOS COMIENZOS

93Km, 3.800+, 3.000-

Tomamos la salida cerca de 300 de los cuales se retiraron durante la carrera casi 50.

Tiempo del ganador: 9h3’, tiempo del último en entrar: 19h27’.

Mi tiempo: 14h17’, el 92 de la clasificación, 16 de veteranos. Cedo 24’ respecto del año pasado pero todavía mantengo un margen de 1h respecto de la primera edición, en 2010.

Salimos a las 6 am con una temperatura fresca pero soportable, unos 4 o 5º. Mejor equipado esta vez, con buenos guantes, doble calcetín (fino interior y otro ligeramente más grueso y alto por encima), buff y gorro, mallas largas y dos camisetas: interior corta y exterior manga larga pero finas ambas, de forma que no necesité quitar ni poner nada de ropa adicional hasta el penúltimo control (Sacanyet), en el km 76, donde me bastó con un cortavientos para mantener la temperatura alcanzando la cota más alta de la carrera: 1.323m.

En la mochila apenas material: la frontal, gorra, manta térmica, móvil, pilas de recambio para el GPS y la frontal, un forro polar que no llegué a usar y unos higos secos para las etapas más largas. También dos bidones de medio litro cada uno, de los cuales uno lo llevaba vacío y solo lo llené en las dos etapas largas.

Como la carrera está bien avituallada, la semi-autosuficiencia consistirá en llevar el agua necesaria para las etapas y apenas unos frutos secos, según la dureza de cada tramo tal como sigue:

(I) De Puçol (salida) a Segart: son dos horas, de madrugada y con temperatura fría. Conviene llevar guantes y gorro pero las camisetas térmicas están de más porque con el esfuerzo en las dos dificultades de la etapa pronto empiezan a sobrar. Con medio bidón (1/4l) sobra si se sale bien hidratado.

(II) De Segart a Serra: aprox. hora y media. En este caso, ya conviene llevar el bidón completo, es suficiente para la etapa.

(III) De Serra a Gátova: esta es una de las etapas más largas, son tres horas sin ningún avituallamiento por lo que se hace necesario llevar los dos bidones, un litro en total. También vendrá bien echar mano de algún fruto seco para no vaciar las reservas. En Gátova arroz, jamón, queso, fruta, etc.

(IV) De Gátova a Montmayor: son otras tres horas, de nuevo conviene llevar ambos bidones llenos y algo más de comida para el camino. Además, son las horas centrales del día, desde las 12h a las 15h cuando el calor puede apretar más.

(V) De Montmayor a Sacanyet: son dos horas, a estas alturas de carrera sigue siendo un recorrido largo sin avituallar aunque la llegada a Sacanyet es cómoda y el calor ya no es un problema. Con un bidón sería suficiente. Viene bien llevar algo de comida porque en Sacanyet no habrá mucha.

(VI) De Sacanyet a Canales: hora y media, última dificultad con la máxima cota: 1.323m, tiempo que puede ser ya bastante frio por la altura pero con la vista puesta ya en el final de la carrera. Un bidón y no lo acabaremos.

(VII) De Canales a La Pobleta (Andilla): otra hora y media aprox., con una subida apenas de un tercio de la etapa anterior y resto bajada hasta meta, salvo algún corto repecho. Se podría ir prácticamente en vacío, pero nunca sobra llevar una pequeña reserva de agua, con medio bidón es suficiente.

El despertador suena a las 4 am, me levanto para desayunar enseguida y tal como me siento a estas horas no me entra en la cabeza que tenga que ir a correr durante 14 horas. Poco a poco voy poniendo en marcha la maquinaria. El desayuno cumple su cometido y con algo más de energía voy equipándome con el material ya preparado la noche anterior.

Llego a Puçol a la 5h10’ y ya tengo más de 50 corredores delante de mí para recoger el dorsal. Apenas a unos minutos de haber llegado me encuentro con Raimundo, compañero de anteriores carreras. También veo a José Manuel (Camarena) y a otro corredor de la Marató i Mitja y de entrenamientos del rio. Miguel Flor también nos saluda y algún otro que no conozco. Raimundo y yo vamos con las mismas pretensiones: hacerla como nos salga, sin objetivo previo. Por tanto decidimos marchar juntos ya que la carrera es larga y la compañía siempre es una ayuda.

Para evitar el tapón de Peñas de Guaita salimos rápido, muy próximos al grupo de cabeza. Las calles de las afueras de Puçol pronto nos llevan a la senda GR10 por detrás de la hípica y del antiguo casino Monte Picayo. La senda se cierra bastante entre matorrales y se mantiene en constante ascenso hasta que alcanza el resalte rocoso de Peñas de Guaita que superamos con una pequeña trepada por la única vía accesible de todas las paredes. Es en este punto donde se produce el tapón que hemos conseguido evitar. Esto nos da quince minutos de margen respecto del año pasado, pero lo que ahora toca es recuperarnos del esfuerzo y recolocarnos en carrera, dejando pasar a muchos que el tapón ha retrasado pero cuya posición debe estar delante de nosotros.

Descenso cómodo a Santo Espíritu, y nuevamente ascensión para coronar el collado y bajar a Segart donde está el primer control. Con la renta de minutos ganados seguimos manejando el ritmo con tranquilidad. Ahora toca subir un barranco hasta la siguiente dificultad, la canal del Garbí, donde hay que hacer uso de cadenas fijas ancladas a la roca. La trepada es divertida y supone un cambio de ritmo interesante, aunque hay que tomarlo con precaución ya que a muchos aquí les empezarán a atacar los calambres. Una vez arriba la senda es corredora, de modo que alcanzamos pronto la carretera del Garbí y la dejaremos para continuar por el GR10 ya en constante descenso hasta Serra.

En Serra reponemos líquidos y tomamos algún alimento para, apenas en dos o tres minutos, seguir en marcha. Viene ya una etapa seria, más de veinte kilómetros por delante en unas tres horas. Sin embargo se trata de terreno conocido y eso ayuda. Con un entrenamiento hecho en esta misma etapa hace un mes, conseguía recordar prácticamente todo el camino, que es pista en casi más de la mitad. La primera parte se asciende por un bonito barranco y a medida que se va ganando altura vamos saliendo del barranco y se va despejando el terreno en las faldas del Rebalsadors, el techo de la Calderona. Así hasta que alcanzamos una pista que cruza la sierra Calderona por la masía de Tristán. Esta pista continúa hasta Gátova, pero nosotros la dejaremos unos kilómetros antes para seguir por senda el GR10.

Los kilómetros empiezan a pesar y las horas también. El tramo de senda es una variante respecto del año pasado pero no presenta ninguna dificultad e incluso hace el tramo más agradable aun dejando los desniveles de la etapa prácticamente iguales.

Llegamos a Gátova con la sensación de haber perdido muchísimos puestos después del esfuerzo hecho en Peñas de Guaita. Es cierto que hemos adelantado algún corredor, pero sobre todo, lo que hemos percibido es un constante goteo de corredores que nos iban superando. Mantenemos prácticamente los tiempos del año pasado aunque seguimos sin marcarnos ningún objetivo. Pienso que la segunda parte de la carrera introducirá más diferencias respecto del año pasado porque la renta que habíamos conseguido ya la hemos perdido.

En Gátova la parada es de unos quince minutos. Un arroz, jamón y queso. Reponemos líquidos y nos preparamos para lo que viene ahora. La etapa más dura. No tan larga como la anterior ni con tanto desnivel, pero con más cansancio acumulado y con un sol más duro a las horas centrales del día. En este tramo sufrimos un pequeño despiste en un cruce cogiendo el camino equivocado. Unos minutos y apenas un km de más pero volvemos a la senda correcta sin problemas. Al final, son otras tres horas de etapa hasta Montmayor, pero con la sensación de estar empezando a dejar lo más duro de la carrera atrás. Aún estamos en el km 62 y por delante tenemos los dos puertos más altos, pero quedan “solo” 30km y esto empieza a animarse.

De Montamayor a Sacanyet es una etapa cómoda y bastante corredora. Aunque ya acuso el cansancio en las subidas, puedo mantener un trote bastante cómodo en los llanos y bajadas. Los últimos dos km hasta el control son de disfrute, con la euforia desatada por alcanzar el control que significa tener la meta casi a la vista y haber superado ya las peores dificultades. Otra cosa que también empuja hacia delante es saber que tienes que superar la cota máxima de la carrera, el Alto del Bellido, con 1.323m, y tenerlo como objetivo inmediato es un acicate.

Por delante tenemos algo más de 300m de desnivel para superar por lo que hundimos la cabeza y doblamos los riñones y emprendemos el camino ascendente sin otro objetivo que subir metro a metro hasta culminar. El sol ya va escondiéndose pero a medida que ganamos altura vamos disfrutando de mucha más luz. El frio se deja notar, pero de Sacanyet ya salimos equipados con los cortavientos y aunque pronto el esfuerzo de la subida nos hace sudar, no sobran ni los guantes ni el gorro.

El aspecto de la cumbre es bastante tétrico. Un enjambre de antenas de comunicaciones, altas, bestiales, como seres de otro planeta. A nuestro alrededor roca desnuda y rota. Y hacia los valles, nubes que amenazan cubrirnos traídas por un viento cortante. Todo envuelto en la penumbra gris del atardecer apenas iluminado por un tenue sol apagándose en el horizonte.
Encaramos la bajada con gusto de abandonar este enclave y con la mirada puesta en Canales, próxima etapa y, sobre todo, última etapa. La bajada es rápida aunque con más precaución por la falta de luz ya que con las frontales a veces resulta difícil distinguir con claridad el relieve y los obstáculos. Sin embargo, antes de lo esperado vemos las luces de Canales al fondo y en un momento estamos callejeando hacia el control. Apenas una parada de un minuto y seguimos ya hacía el último esfuerzo: Andilla y La Pobleta.

Por delante tenemos una pequeña subida de menos de cien metros de desnivel durante unos 3km, y luego, todo descenso salvo algún pequeño repecho hasta meta. Aquí siento enormemente la falta de fuerza en las piernas. No puedo traccionar cada paso e incluso llego a sentirme más cómodo manteniendo el trote. De este modo encaro la subida con calma y no intento ir más allá de lo que me permiten las fuerzas. En ningún momento de la carrera nos hemos planteado un objetivo y no vamos a empezar ahora. Pronto la pista de subida se convertirá en bajada sin apenas transición y con las luces de Andilla al fondo. Pero no hay que dejarse engañar, desde aquí, Andilla no es más que un espejismo. La última etapa no nos la regalará nadie, todavía hay que ganársela. Ver las luces de Andilla al fondo del valle no ayuda en absoluto ya que parece que no lleguen nunca.

Además, esta última etapa tiene también su dificultad. Aunque la bajada no es muy expuesta, el estado en que nos encontramos hace que cualquier pequeño obstáculo pueda ser un problema. Hay que vigilar muy bien los apoyos, los derrapes imprevistos o las irregularidades escondidas. La capacidad de reacción es ya muy baja y no conviene exponerse a unos pocos kilómetros de meta. En estas condiciones entrar en Andilla es ya una primera satisfacción de modo que los últimos dos kilómetros hasta La Pobleta más bien se convierten en el paseo triunfal que todo general desea a la vuelta de su campaña. Claro que el público, las trompetas, los vítores y las fanfarrias, todo ello queda para la imaginación, ya que son dos kilómetros solitarios con las luces de La Pobleta al fondo, donde se adivina que debe estar la meta y se oye la megafonía nombrando a los vencedores y entregando los premios.

Aunque para estar en el podio ya hace cinco horas que deberíamos haber entrado, también nos ganamos la medalla de finisher que es nuestro propio triunfo.

Ducha calentita, nunca lo hubiera imaginado, y antes de poder sentarnos a dar un bocado y tomar las cervezas de meta, autobús. Sin duda lo cogemos, es una lástima dejar la cena pero apetece ya volver a casa. Y así, a las 11 de la noche, un poco más cansado que ayer pero más contento, me meto en la camita pensando en la guerra del próximo día.

Ha sido una carrera de transición puesto que durante unos meses tendré que dedicarme a la bici para el próximo reto, pero no colgaré las zapatillas del todo: los pies no tienen que olvidarse de las rocas.

El desarrollo de la carrera muy bien. Con Raimundo hemos formado un buen tándem, no hay manera de desanimarse con él y aunque en algún momento he tirado yo delante, él con su mejor forma en la segunda parte ha llevado el peso de la carrera.

La forma física ha estado como esperaba. Incluso me ha respetado bastante a pesar de no llevar un entrenamiento regular. Me han ayudado mucho las salidas por montaña de largo recorrido. No han sido muchas pero se quedan en la memoria del cuerpo. En cambio, sí que ha faltado el volumen semanal, lo que enseña a los pies a tragar kilómetros.

El resultado, por tanto, no ha podido ser mejor: hemos disfrutado y sufrido la carrera, con mejor organización si cabe que otros años y muy buen ambiente. El tiempo logrado lo considero bueno a pesar de no haber mejorado respecto del año pasado. El puesto me sorprende, más bien esperaba quedar más atrás porque tengo más memoria de los que nos adelantaban que de los que adelantábamos nosotros. Creo que la clave ha estado en los avituallamientos, donde se deben haber producido la mayoría de los casi cincuenta abandonos y donde nosotros hemos ajustado tiempos al máximo, parando el tiempo imprescindible.


Gracias a Raimundo por las 14 horas de compañero de carrera, y enhorabuena a la organización por el buen trabajo realizado.

martes 19 de julio de 2011

LOS MONEGROS: 112 KM EN AUTOSUFICIENCIA




ISOSTAR DESERT MARATHON

Inscritos: 143
Llegados: 61
Abandonos: 65
No salen: 17
Puesto clasificación: 27

CAMPAMENTO: Con un aspecto bastante destartalado pero muy amplio, sin ningún problema de espacio, no tenemos que esperar apenas para obtener nuestros dorsales y pasar el control de equipamiento. Mi mochila, con agua incluida, da un peso de más de cinco kilos. Además del material obligatorio he puesto un monton de bolsitas de frutos secos, chocolate, platanos y longaniza seca. Es la primera carrera en autosuficiencia que hago, y no es plan de quedarse sin comida.

TR1: Pistas y desniveles suaves. Salimos juntos Ramón y yo y nos vamos quedando por el grupo de cola. Las piernas están un poco espesas, pero con los minutos van cogiendo la forma. En unos tramos de senda más accidentados me voy adelantando.

CP1: Llegada en alto, paralela a la carretera por donde algunos prefieren ir en lugar de seguir las marcas. Repongo agua, bebo Isostar y Ramón llega a los pocos minutos. Salgo y como dos barritas de almendra.

TR2: El grupo de corredores ya se ha deshecho y ahora van formándose islas. Voy a mi ritmo, poco a poco adelantando corredores que ya han dejado de trotar y van andando. La ruta sigue una pista largísima en línea recta que se hace eterna. El habitual paisaje de pistas cambia al introducirnos en un barranco. El calor se siente ya muy fuerte. A la salida el camino sigue hacia un puente donde dudo al no ver más marcas, pero al final me ayuda otro corredor y continúo pasando por debajo del puente. Después volvemos a las pistas donde veo bastantes corredores que voy adelantando, entre ellos a una de las chicas que después será la segunda clasificada.

CP2: Llegada en descenso, busco las deseadas duchas que deberían estar en cada control de paso, pero nada. Me siento a beber Isostar y reponer agua. Todo caliente. El calor aprieta y parte del agua me la echo por encima.

TR3: Salgo comiendo otra barrita de almendras y la galleta compactada (casi imposible de tragar). Este es el tramo más difícil del recorrido. Campo a través, sin senda y a través de matorrales, por un valle amplio pero cerrado como una olla. Veo un par de corredores tirados bajo un árbol. Sí, la única ventaja de este tramo es que hay algo de vegetación. La ruta vuelve a la pista, con un ligero descenso se vuelve a encarar la subida, esta vez bastante más seria. Adelanto a un corredor que me pide agua. Le ofrezco la camel back, advirtiéndole que yo ya no he podido sacar nada, pero que lo intente si quiere, alguna gota quedará. Me dice que no, y continúo.

CP3: Llegada al refugio de Piedrafita. Abandonos múltiples. Descanso y hago estiramientos. Bebo más Isostar, aunque caliente no resulta muy apetecible. Repongo agua que había agotado completamente. Llega el corredor al que he adelantado en la subida final y comienza a vomitar todo el liquido bebido hasta el momento y lo meten en la ambulancia.

TR4: Pistas en ligero descenso. He salido solo del control y voy a mi ritmo. Ahora más que nunca debemos estar atravesando la mayor densidad ganadera de la zona. El olor a naturaleza animal, es decir, gorrinos, es más que penetrante. Al fondo veo a un corredor que llegó detrás de mi al CP3 y salió tan fresco enseguida. Sin embargo no le doy alcance, ni lo intento. Quien si me alcanza es el paraca, un corredor de Cantabria, afincado en Zaragoza, militar de paracaidismo. Seguimos juntos a un ritmo que nos va bien a ambos.

CP4: Llego junto con el paraca que me ha alcanzado unos km atrás. Ya voy justo de fuerzas, con las piernas muy pesadas y molestias articulares en los pies. Descansamos y hacemos estiramientos. Más Isostar caliente, agua y una bolsita de gel Isostar. Un perro se echa a nuestro lado, parece extrañado de vernos tirados como él. Salimos justo cuando llega la chica que adelanté antes del CP2. Nos dicen que delante de nosotros van tan solo unos 15 corredores.

TR5: Me cuesta mucho esfuerzo mantener el trote pero lo voy alternando con el paso para no cargar las piernas en exceso al andar y no perder demasiado tiempo. Le digo al paraca que se vaya adelantando, que no puedo mantener su ritmo. El resto del tramo lo haré solo. Primero adelanto a una de las pocas participantes que parece muy cansada y va andando mientras que yo todavía puedo trotar a tramos. Sin embargo, al cabo de unos km me adelanta otra de las chicas, la que había llegado al control anterior justo al salir yo. El sol ha bajado mucho y el calor ya no es un problema. Las pistas atraviesan zonas muy llanas, sin obstáculos, y la vista se pierde hasta el horizonte.

CP5: Aunque el paraca se ha ido adelantando, le encuentro todavía en este control junto con la chica que me había adelantado en este tramo. Han puesto varias esterillas en el suelo para sentarnos, lo cual agradezco enormemente. Repongo agua pero ya no tomo Isostar (y creo que ya no lo pruebo hasta el final). Solo me concedo una bolsita de gel de un sabor horrible. Más estiramientos, nunca son suficientes. Se marchan el paraca y la chica y yo me quedo todavía para recuperarme mejor. Salgo con J.R. que ha estado curándose las ampollas de los pies. Iba en puestos de cabeza, entre los ocho primeros, pero ha tenido que parar por las llagas de los pies. Guardo gorra y gafas y saco la frontal.

TR6: Ya es de noche. La luna está completamente llena y de un color brillante anaranjado. Todavía puedo trotar. Incluso me va mejor que andar. Sin embargo, J.R. se resiente de los pies y tenemos que dejarlo. Aún así, hemos hecho un largo tramo a buen ritmo. Vamos charlando sobre los corredores, los motivos para correr, los entrenamientos… Queda claro que no debía haber entrenado un total de 22 km en dos días esta semana, que no tiene consecuencias en una carrera corta, pero en una ultra hay que llegar muy descansado, toda la semana anterior. También el peso es un problema. Demasiada comida que además no voy a probar en toda la carrera.

CP6: Nueva cura de J.R. Después de los trotes del tramo tiene los pies destrozados y tiene que entrar en la ambulancia para curarse las llagas. Aprovecho el control para ponerme el cortavientos. Ya va haciendo frio. Me tumbo completamente sobre unas planchas metálicas e intento recuperar las piernas. Llega al control y se marcha con otro corredor la chica que adelanté después del CP4. No puedo beber Isostar, tan solo repongo agua. Sale J.R. con los pies vendados y retomamos la ruta.

TR7: Salimos al principio bastante despacio para recuperar los pies de J.R. Poco a poco vamos caminando más rápido. Incluso en algún momento nos permitimos algún trote. La charla animada del principio se va apagando y seguimos en silencio, cada uno metido en sus propios pensamientos. Cada vez hay menos marcas en la ruta. A veces hay que ir con mucho cuidado para no saltarse un desvío.

CP7: Aquí J.R. se olvida de fichar y tiene que volver. Voy caminando despacio para esperarle. Relleno agua de mala manera y se moja todo el interior de la mochila. Al ponermela me mojo por detrás y así continuaré chorreando hasta el final.

TR8: Cada vez las paradas son más frecuentes para hacer estiramientos. Ya no solo son las piernas, también por culpa del excesivo peso de la mochila, la zona lumbar de la espalda se me está resintiendo. Nos adelanta la otra chica, la que adelanté antes del control 2. Se ha perdido y ha dado una vuelta de 14km, según nos dirán en el siguiente CP. Son tramos silenciosos en los que cada minuto tarda una eternidad. El GPS ayuda a comprobar los avances, pero la batería se agota y tenemos que confiar únicamente en la estimación del ritmo. Así medimos el avance por el tiempo transcurrido, pero este pasa tan despacio… Este tramo nos está llevando paralelos a la N-II hacia el municipio de Candasnos. Al fondo y a la izquierda se ven las luces de la autovía, un hotel, gasolinera y el pueblo. La primera vez en toda la carrera que vemos algo diferente de los páramos.

CP8: Último control de paso. Nada de agua. Isostar ni nombrarlo. Sigo sin comer. Descansamos unos minutos, lo suficiente para hacer nuevos estiramientos, una corta charla con los voluntarios y continuamos.

TR9: Siguen las paradas con estiramientos. Incluso me tengo que echar al suelo para estirar los cuádriceps. Aunque había encendido el GPS, al cabo de un rato se apaga definitivamente. Volvemos a estar sin referencias. Nos adelantan algunos corredores. Ya hace tiempo que dejamos de pensar en la hora de llegada. La carrera no ha salido bien y de lo único que se trata ya es de terminar. La luna facilita la visión del entorno y se aprecian facilmente los perfiles de las montañas. Son ya las lomas que flanquean el Campamento por el oeste. Esta visión me anima y, aunque el camino comienza a ascender sin tregua hasta el final, olvido la pesadez de piernas y los estiramientos y aumento el ritmo sin más interrupciones. J.R. se va quedando atrás pero aflojo un poco la marcha para no distanciarme. Quiero entrar con él, al fin y al cabo creo que si puedo terminar la carrera será gracias a él.

META: Ya amanece. Son las 6 de la mañana. Ni siquiera hacemos el esfuerzo de entrar corriendo. Con tantos tramos caminando es absurdo hacer una entrada triunfal corriendo de la que ninguno de los dos tenemos ganas ni estamos orgullosos de conseguirlo. Tanto J.R. como yo esperábamos hacer mejor carrera, pero con sus llagas en los pies y mi falta de preparación nos hemos visto de esta forma. Aún así, estamos contentos por haberlo conseguido, habiendo estado bastante cerca de la idea de abandonar. Entramos en meta y enseguida aparecen voluntarios aplaudiendo. De público, por supuesto, ni uno. No son horas. Les devolvemos los aplausos diciéndoles que no se merecen, pasamos las tarjetas por los sensores de tiempos y sin más ceremonia no dirigimos al mostrador para recoger la n-ésima botella de agua y regalos Isostar. “¡Lo que daría por una cerveza!”, exclamo con deseo, y ¡oh maravilla!, clandestinamente porque no está en el programa, una lata de cerveza ¡fria! aparece ante mis ojos. Con la capa de barro formada por la mezcla de polvo y sudor no es la mejor forma de comerme a besos a la voluntaria que me acaba de ofrecer la cerveza, pero le doy las gracias y como J.R. no parece dispuesto a acompañarme con unos tragos, la saboreo a placer. Nos sorprenden y halagan los comentarios que recibimos: “no traéis malas caras”, “¡que frescos estáis!”, “ni comparación con los anteriores, ni con los pobres que abandonaron”, etc. Les contestamos que en realidad hemos venido paseando los últimos treinta kilómetros, lo cual es, para nuestro fastidio, completamente cierto.Sin mucha ceremonia nos despedimos J.R. y yo, hasta la próxima. Voy al coche, ordeno el material y saneo y escurro la mochila que sigue goteando. Cojo la ropa de cambio y me voy a las duchas, el mejor momento después de la cerveza. Bien limpio y relajado me vuelvo al coche, echo el respaldo hacia atrás y me recuesto tranquilamente a esperar a Ramon, pensando en cuál será la siguiente.

viernes 3 de junio de 2011

Entrenamientos, lesiones y Ultra 6 Horas Valencia

Han pasado casi seis meses desde el GR10 Xtrem. La segunda edición fue una buenisima experiencia, mejorando en una hora y media el tiempo de 2010. Desde entonces y hasta mayo he tenido que sufrir las consecuencias de un mal entrenamiento.



La recuperación de aquel GR10 fue muy rápida, tanto que a los quince días estaba haciendo series en un exceso de confianza. Primera sesión, bien. Segunda sesión, lesionado. Una sobrecarga en el tibial provocada por el esfuerzo excesivo en las series, a lo que añado el mal tratamiento en la recuperación, calzado inadecuado y falta de descanso provocan que no pueda volver a hacer un entrenamiento en condiciones hasta el mes de mayo.

El mes de febrero transcurre con la mayor frustración de ver como no consigo rodar más de cinco kilómetros sin dolor. A pesar de todo mantengo la inscripción a la Ultra 6h de Valencia, el 6 de marzo, y enfoco las sesiones para conseguir hacerla. Reduzco ritmos y kilometraje semanal hasta la última semana, cuando hago un entrenamiento de más de treinta kilómetros para evaluar la posibilidad de hacer la carrera. Terminamos la sesión con un ritmo más alto del que me conviene, pero me da confianza para afrontar la Ultra 6h con cierta seguridad.

El 6 de marzo es la cita. Un circuito de tres kilómetros durante 6 horas. Expectativas: alcanzar alrededor de 65km. Condiciones: escasos entrenamientos y con la lesión del tibial acechando. Resultado: 61km y arrastrando la pierna izquierda, consecuencia lógica de correr protegiéndome contra la lesión del tibial derecho.

La insensatez de haber corrido esta carrera sin estar en condiciones no tiene, afortunadamente, consecuencias graves. Podría haber acabado en el trauma, o algo peor, pero finalmente pasó con una simple recuperación de dos meses, durante los cuales fue remitiendo la lesión del tibial.

Los entrenamientos quedaron reducidos al mínimo, un rodaje de recuperación semanal de apenas una hora, limitado siempre por la aparición del dolor. Llego incluso a dejar el entrenamiento durante dos semanas, a mediados de abril, y solo a partir de entonces empiezo a progresar.

Comienza mayo y la recuperación ya es evidente. Cuatro sesiones por semana e incrementando el kilometraje, aunque manteniendo ritmos muy suaves. En la tercera semana alcanzo los 80km semanales, ahora se trata de mejorar los tiempos trabajando los cambios de ritmo y manteniendo un volumen alto. Incluso me permito una sesión de series, las mismas que me provocaron la lesión, pero sin forzar las repeticiones. Hago un 2 x 800 en 3’ con recuperación de 400 entre series en otros 3’. La media de pulsaciones para la actividad total (800 + 400 + 800 + 400) es de 160. El objetivo es volver a disfrutar de la velocidad (a mis años…) que siempre ha sido mi asignatura pendiente. Correr a 3’45’’ por km (modestos pero muy exigentes para mi aunque solo sea en 800m) es algo que no se consigue con rodajes y ayuda a ganar potencia, pero, sobre todo, proporciona muy buenas sensaciones y confianza en carrera.

Han sido cuatro meses difíciles con una lesión y una carrera (la Ultra 6H) que no debió ser, pero con la satisfacción de haber superado el problema y aprender de la experiencia.

miércoles 9 de febrero de 2011

GR10 XTREM 2011



Han pasado varios meses desde la última carrera, en septiembre, la CMA Javalambre-Trangoworld. Tiempo suficiente para recuperar y volver a la regularidad de los entrenamientos. Ahora, en enero 2011, el año se estrena con una ultra en Valencia, sobre el tramo del GR10 que atraviesa toda la provincia.

Se llama GR10 Xtrem y son 93km con un desnivel acumulado de 6800m (3800 positivos y 3000 negativos) por caminos y sendas de montaña, desde Puçol hasta La Pobleta (Andilla), en semiautosuficiencia, a recorrer en un tiempo límite de 22 horas.

Esto de preparar carreras tiene cada vez menos ceremonia. Hasta el día anterior no pude dedicar apenas tiempo, solo el imprescindible para hacer una lista del equipo necesario. Terminados los preparativos pasadas las 12.30h me acuesto y consigo dormir unas escasas tres horas y media hasta las 4, cuando suena el despertador y empieza la cuenta atrás.

Desayuno, últimos ajustes del equipo y salgo hacia el polideportivo de Puçol. Recojo el dorsal, paso el control de material obligatorio y me encuentro con Raúl (CMAJ 2010), que estará en la organización, con Antonio y Raimundo (UTMDA 2010), con Manolo (CMAJ 2010). También estará Ramón, con ganas de desquitarse del año pasado.

Fotos de grupo y sin más trámites a las 6h tomamos la salida. Apenas un kilómetro de asfalto para dirigirnos enseguida al Monte Picaio, subir a Peñas de Guaita e internarnos en plena Sierra Calderona.

Con ritmos más tranquilos que los del año pasado llegamos al primer control, en Segart, con media hora de retraso. Hemos empleado dos horas para este primer tramo y me preocupa que vayamos acumulando retrasos en las siguientes etapas. Sin embargo, aquí está la clave del resto de la carrera. A partir de ahora iremos ganando tiempo en cada uno de los siguientes tramos.

Así es, en Serra hemos hecho un parcial muy bueno, recuperando 15’ al tiempo del año pasado. El tramo siguiente, hasta Gátova, es bastante largo, y también nos permite bajar tiempo. A pesar del cansancio por los 45km ya acumulados, me encuentro mucho mejor este año.

Salimos de Gátova con el equipo ya consolidado: Antonio, Raimundo, dos amigos suyos y yo. Al poco se nos unirá Paco Robles, a quien conocía solo de los foros. A partir de aquí se establece una nueva pauta de carrera: me voy quedando retrasado en las subidas, no puedo mantener el ritmo de los demás. Antonio empieza también a quedarse, no tanto como yo, pero también baja el ritmo. La distancia aumenta y perdemos de vista a los que nos preceden. También me distancio de Antonio, sé que si fuerzo la marcha lo sentiré más adelante. De este modo consigo evitar la aparición de calambres y reservar fuerzas para el resto del recorrido.

Sin embargo, en las bajadas la situación cambia radicalmente: Antonio y yo nos reagrupamos y en pocos minutos damos alcance a los demás. Y esto se va a repetir durante el continuo sube-baja en que se ha convertido la carrera. Acostumbrados ya al buen ritmo de las bajadas no nos preocupa retrasarnos en las subidas, incluso creo que reservamos más de la cuenta. El resultado no puede ser mejor. Cada vez obtenemos mayor rendimiento en las bajadas y en los llanos. Y si el terreno se complica y se hace más técnico, mejor todavía, más ganancia obtenemos.

Llegamos a Sacanyet con más de 40’ de ventaja sobre el año pasado. Me empiezo a convencer de que el sub15 es posible. Aunque todavía queda sol, la temperatura ha bajado bastante y conviene sacar toda la ropa de abrigo: guantes, buff y polar. En este tramo caerá la noche y habrá que volver a ponerse la frontal.

Canales es el próximo punto de control, creo que llegamos alrededor de las 19h. Aquí la parada es mínima, el tiempo que nos ocupa beber unos tragos y tomar una barrita. Seguimos camino sin querer pensar en el posible sub14. Hay que centrarse en el tramo final. Queda todavía un ascenso, no muy importante, pero a estas alturas de carrera hay que tomárselo con calma. Con mucho retraso respecto a los demás conseguimos Antonio y yo culminar la subida, sin muchas esperanzas de alcanzarles después. Empezamos la bajada con ganas y buen ritmo, animados al pensar que prácticamente la totalidad de los siete kilómetros que faltan son de bajada, solo quedarán dos pequeñas “tachuelas” fáciles de superar.

Para nuestra sorpresa muy pronto vemos las luces de los que nos preceden, nos estamos aproximando rápidamente. El recorrido se ha convertido en una bajada con algunas zonas de piedra suelta, terreno un poco más técnico que nos encaja perfectamente. Pasamos a los compañeros y será ya la última vez que les veamos hasta meta. Antonio ha impuesto un ritmo de bajada que no da tregua, pero le voy siguiendo sin apenas dificultad. Todavía alcanzaremos a un par de corredores más, a uno de los cuales podremos adelantar, y así nos plantamos en Andilla, a 20’ de las 20h. ¿Cuánto queda, un kilómetro?, nos preguntamos. ¡Es posible, vamos allá! Salta Antonio delante y yo le sigo, con miradas fugaces hacía atrás. Pero solo oscuridad, realmente hemos sacado bastante ventaja de la bajada. La última subida, apenas 100m, pero no nos puede detener, la superamos rápidamente y seguimos corriendo hacía meta. Finalmente, lo conseguimos: un total de 13 horas y 53 minutos, ¡una hora y media menos que el año pasado!

Por supuesto, hay factores externos que han ayudado, como son el conocimiento previo de la carrera, las referencias del año anterior, la disminución del tiempo de parada en los controles y las buenas condiciones térmicas. Sin embargo, después de las dos últimas experiencias de 2010, con el abandono en la UTMDA y las tres horas de retraso en la CMAJ, no dejo de alegrarme al ver que he recuperado otra vez una buena forma.

Enhorabuena a la organización, buen marcaje del recorrido, buenos avituallamientos y buen recibimiento en meta. Aunque esté todavía lejos, queda apuntado un nuevo reto para 2012.

miércoles 29 de septiembre de 2010

WAYPOINT 153


Unas voces acompañaban a dos luces oscilantes que se aproximaban en la oscuridad. Nuestro ritmo acompasado y guiado por los GPS se veía claramente superado por los que nos alcanzaban. Entre los jirones de niebla que empezaban a cerrarse distinguimos sobre el ruido del viento las voces que nos llamaban “¡eh, hola!” “¿Cómo váis?”, contestamos. “Sin GPS”, nos responden los dos compañeros de carrera que acaban de alcanzarnos. “Pilas agotadas”. “No hay problema”, les decimos, “nuestros GPS van a plena carga, vamos juntos”. Seremos cuatro para la parte más crítica de la carrera, esto ayuda, pensé. Próximos a la cima de Javalambre, a cerca de 2000m de altura, la temperatura caerá por debajo de 0ºC y el viento será fortísimo.

Mientras elaboro lentamente estos pensamientos, al ritmo que mis mermadas condiciones físicas y circunstancias me permiten, veo sorprendido como nuestros nuevos acompañantes nos superan con facilidad y nos van adelantando. En unos minutos sus tenues siluetas se difuminan en la oscuridad y solo vemos como dos puntos de luz se van alejando. De cuando en cuando brillan con más intensidad, “se giran para buscarnos”, deduzco, “están confirmando que van por buen camino”, pero, sin GPS, sin conocer la montaña, ¿no deberían quedarse con nosotros?

Nos miramos extrañados. El viento arrecia, estamos prácticamente dentro de las nubes encapotadas sobre Javalambre y empieza a dificultarse gravemente la visión con las frontales. Estamos próximos al waypoint 153 y el track indica giro a la izquierda, salir del barranco y ascender en diagonal por la ladera en busca de la cumbre. Las luces que cada cierto tiempo nos buscaban para confirmar el camino se han convertido en dos pequeños puntos de luz que avanzan titubeantes y muy alejados. Imposible hacerse oir. El viento nos obliga a hablarnos a gritos, no hay forma de advertirles de su error. Siguen el barranco sin percibir el cambio de recorrido. Confirmamos el track, es correcto. Subimos dando grandes rodeos alrededor de las sabinas rastreras, pero avanzamos sin cesar hacia la cumbre. Me giro nuevamente justo a tiempo de ver como los últimos destellos desaparecen fugaces entre la niebla y la oscuridad, ya muy abajo, perdidos al otro extremo de la ladera.

Hemos ascendido gran parte del pico Javalambre. No vemos más que un par de metros ante nuestros pies. Estamos completamente dentro de las nubes que se ciernen sobre el pico. Ahora el viento huele a cumbre y, aunque es más fuerte y frio que antes, la proximidad de la cima nos atrae como un imán. Los pequeños árboles o matorrales que sobreviven en estas alturas se están pintando de blanco. El aguanieve empieza a formar una ligera capa de escarcha sobre ellos. Pienso en las luces de los dos compañeros de carrera perdidos en la ladera, pero las condiciones extremas me devuelven a la realidad. ¡Llegamos a la cumbre! ¡No te pares en el control! ¡Grita nuestros dorsales y continúa! Sobre el ruido del viento oímos ¡seguid el track!, nos indican desde dentro del coche de control, ¡no hay señales, solo el track, solo el track, solo el track! nos recalcan. Antes de encarar el descenso del pico entre la ventisca pienso en los dos compañeros sin GPS.

Veinte horas antes se daba la salida de la carrera, a las 8 de la mañana, en la puerta del refugio SerRa en Alfondeguilla. Poco más de 30 corredores, algún conocido y otros que lo serían después. El sol está a punto de salir y la temperatura es muy buena, fresca y agradable.

Ya en marcha nos vamos agrupando según ritmos. En cabeza y hasta el final Fran Robres se va destacando, después de unas palabras intercambiadas en la salida ya no volveríamos a verle hasta el día siguiente.

Jose Manuel y yo repetimos tandem como el año pasado. Al poco se nos unen Raúl y Manolo y ya en pocos minutos quedamos los cuatro separados del resto. Así afrontaremos las cuestas de la Sierra de Espadán: subida a Castro, barranco de Horeajo, collado de Ibola, Peña Blanca, Espadán y Rápita. El avituallamiento de Ibola llega temprano y todavía frescos tomamos unas barritas, reponemos agua y seguimos camino. Pero el sol empieza a hacerse notar y en el último tramo de ascenso al pico Espadán ya vamos mojando el suelo con las gotas de sudor. Aquí Jose Manuel y Rául empiezan a destacarse por delante y Manolo y yo nos vamos retrasando unos metros. En la siguiente bajada a la nevera tengo los primeros avisos en forma de calambres. Solo ligeros amagos, pero suficiente para empezar a retener la marcha. La subida al pico Rápita vuelve a ser muy dura con el sol castigando duramente nuestras espaldas. Pese a que bebo con mucha frecuencia agua con sales los amagos de calambres no cesan y cada vez que fuerzo un paso aparecen de nuevo.

La bajada del pico Rápita presenta una novedad: rodearemos las peores zonas de maleza para dirigirnos a una pista alternativa que añade algún kilómetro pero es muy corredora. Pero las sensaciones siguen siendo malas. Mi ritmo es flojo, aunque me mantengo con el grupo no me siento a gusto, preferiría disminuir la marcha.

Llegamos al avituallamiento de Matet, reponemos agua y tomamos medio bocata. No debemos enfriarnos deteniendonos mucho tiempo. Además, el contraste térmico entre sol y sombra es muy alto, la gente del control está pasando frio con las largas horas de espera y, sin embargo, nosotros venimos de soportar un calor excesivo.

Superado Espadán por delante vienen etapas muy corredoras. Pistas largas y suaves para superar el Alto de la Cueva Santa y Peñalta hacia Pavias e Higueras. Las piernas siguen a bajo nivel aunque intento mantener el ritmo del grupo. La llegada a Pavias repite protocolo: entrada por la calle principal, bar con una mesa a la puerta y unos parroquianos con cervezas (que tentación), la pequeña fuente de la esquina y el chaval avisándonos: ¡el agua del lavadero es mucho mejor! Y así es, en el lavadero el agua sale muy fresca. Bebemos a placer, nos refrescamos los brazos, la cara, el cuello, la cabeza entera y rellenamos depósitos. Después de este oasis seguimos camino por una vereda herbosa entre los huertos bajo un bonito arco. Un placer para los pies, aunque demasiado corto, ya que pronto volveremos a la dureza del asfalto hasta Higueras.

Higueras no aporta nada al recorrido. Apenas cruzamos dos calles y ya nos salimos por la senda hacia las próximas dificultades: el Alto de las Palomas para llegar al avituallamiento de Puerto Arenillas y al Mas de Noguera y la subida por las Cárcavas para llegar a Pina. Los amagos de calambres han cesado gracias al control pero las horas van pasando y ya veo claramente que no mantengo la viveza de ritmo del año pasado. Estimo que acumulo un retraso de una hora pero el camino es muy largo todavía y empiezo a fijar en mi mente el objetivo de llegar sin obsesionarme con el tiempo. No quiero ver aparecer los fantasmas del abandono en Facheca, en la UTMDA. Me esfuerzo en regular y en concentrarme para superar la verdadera dificultad de la prueba: Javalambre.

Aunque nos hemos quedado solos Manolo y yo, al llegar a Pina nos encontramos todavía con Jose Manuel y Raúl que están cambiándose de ropa. Nos abrigamos, preparamos el resto del equipo para la noche, comemos unos bocatas y nos tomamos unas cervezas. Después de algo más de media hora recogemos de nuevo las mochilas y nos ponemos en camino. Son las 19h cuando salimos de Pina, de nuevo los cuatro juntos. Nos queda una hora y media de luz.

Trotamos por las pistas que nos van conduciendo por las proximidades de Barracas hacia la autovía Mudejar, Fuente del Cepo, en busca del barranco del río Albentosa ya cerca de Manzanera. Ya al poco de salir de Pina nos hemos quedado de nuevo solos Manolo y yo, porque los trotes se van haciendo cada vez más penosos. La noche nos alcanza antes del rio Albentosa pero agudizamos los sentidos y apoyándonos en el GPS y el rutómetro no tenemos problemas en elegir el camino adecuado entre la multitud de pistas que se van cruzando. El cruce del río es la anécdota de este tramo. Manolo se protege con bolsas de plástico que Jose Manuel (gracias) nos ha dejado en la orilla, pero yo prefiero descalzarme y sentir el contraste frio del agua en los pies. Aliviados y animados después del cruce del rio seguimos camino hacia el avituallamiento.

En el control de Manzanera el frio ya es evidente. Hay que preparar los polares, gorros y guantes. A la baja temperatura y el viento hay que añadir las escasas reservas con que cuentan nuestros cuerpos, de modo que la sensación de frio aumenta considerablemente. Reponemos liquidos, barritas y seguimos camino enseguida. Próximo objetivo: Sarrión. Pistas interminables ya con noche cerrada nos van conduciendo hacia las proximidades de la Muela. A pesar del retraso respecto del año pasado y de las dificultades que encuentro en mantener un trote suficiente, estoy mucho mejor anímicamente.

Llegados al punto en que hay que dejar la pista y atajar campo a través sobre la Muela de Sarrión, solo contamos con la ayuda del GPS. Sin embargo, al poco de iniciar la subida, empezamos a ver señales en el suelo y cintas en los árboles. El camino está bien marcado, no hay senda pero tampoco hay pérdida posible. Paso a paso la Muela va quedando bajo nuestros pies y en poco rato vemos los reflejos del coche del control. Unos cafés, unos bollos y a seguir, aquí ya no hay nada que hacer. Me he enfriado mucho y los temblores empiezan a aparecer. Creo que el resfriado que arrastro desde hace pocos días está afectándome ahora. Arriba en la Muela soportamos el viento que sopla sin ninguna protección y el único recurso es trotar un poco para entrar en calor. Por suerte el recorrido desciende ligeramente y pronto llegamos al cruce de los cuatro caminos. Por delante, unos pocos kilómetros de pistas, el desvío al barranco de la Zarzuela y la subida al pico.

Pistas corredoras pero mis piernas no me acompañan. Solo puedo mantener un paso largo y vivo, pero el más ligero trote se me hace imposible. Siento que las horas pasan con más rapidez de lo previsto pero ya hace rato que hemos decidido no mirar el reloj. La visión de las nubes encapotadas sobre el pico Javalambre justo antes de anochecer desde las pistas de Fuente del Cepo se hace más presente ahora que estamos cerca. Hemos tenido un día de sol radiante y ahora nos dirijimos hacia el interior de las nubes que rodean totalmente la cumbre.

A punto de dejar la pista para encarar el tramo del barranco de la Zarzuela tenemos el encuentro con los dos corredores que nos alcanzan, nos acompañan unos metros y nos adelantan para desaparecer en la oscuridad perdiéndose por el camino equivocado.

El waypoint 153 marca la verdadera última dificultad: la ascensión al pico. Aquí ya no hay resguardo posible. Fuera del barranco, sobre la ladera expuesta al viento helado que sopla del Norte, no hay forma de mantener un ritmo uniforme. Nos vemos obligados constantemente a dar rodeos, vueltas, revueltas, avances y retrocesos, alrededor de las sabinas rastreras que abarcan importantes extensiones. El alcance de las frontales se ve muy atenuado por la niebla y nos impide anticiparnos a los obstáculos. Así y todo, nos aferramos al GPS y seguimos el track como si de nuestra religión se tratara. Por fin olemos el viento de cumbre y alcanzamos la cima.

No hay resguardo posible. Solo oscurdidad, viento y frio. Nos hacemos oir: ¡hay que bajar, hay que bajar!, gritamos. Cualquier problema aquí arriba sería muy grave. Pienso en la manta térmica que llevo en la mochila, ¿sería suficiente en caso de tener que parar por una caida? Solo hay un camino: descender cuanto antes. No hay camino ni apenas visibilidad entre la niebla. Solo pedrera suelta en la poca distancia que vemos ante nuestros pies. El GPS demuestra todo su valor y el track no falla. Lentamente nos irá conduciendo hacia la falda opuesta del pico, descendiendo gradualmente a zonas más resguardadas.

Lo peor ha pasado. Estamos ante el Pino de la Cepa, árbol emblemático de Camarena, y ya no queda más que un suave descenso por pistas hasta meta. De nuevo el trote por estas pistas es imposible, las piernas no responden, pero un paso largo y rápido nos dirige hacia Camarena sin más demora. La pista se convierte en asfalto y poco después del balneario alcanzamos el sendero fluvial, suave y agradable. Llegamos al molino y cruzando las primeras calles de Camarena alcanzamos el albergue. Lo hemos conseguido.

Veintitrés horas después de salir de Alfondeguilla entramos en el albergue de Camarena con esa sensación de victoria que se consigue después de un gran esfuerzo. No he estado en mi mejor forma física, pero el manejo de la carrera en conjunto me ha dejado muy satisfecho. En todo momento hemos mantenido el track, sin ninguna duda y, sobre todo, afrontando con seguridad y firmeza la peor dificultad: Javalambre.

lunes 13 de septiembre de 2010

AgostoXtrem 2010

Han pasado cuatro meses y medio desde la última carrera y llevo dos y medio sin publicar nada. Lo cual no quiere decir que esté sentado criando telarañas...

Por eso, creo que ya es hora de que cuelgue la última "gran travesía" realizada, la “AgostoXtrem 2010”. Es una carrera al límite de la supervivencia... física... y sobre todo, mental. Se hace por etapas durante un total de 10 días, con salida y llegada en Valencia, pasando por el Valle de Benasque, con puntos de avituallamiento en Castejón de Sos (Rte. Pirineos, Pizzería El Pájaro Loco), Benasque (Rte. Hospital de Benasque, Balneario de Los Baños) y Cerler (La Borda del Mastín). Se trata de una carrera mixta (en coche, a ratos a pie, a veces andando, incluso a cuatro patas o a pata coja) en semi-autosuficiencia, non-stop, always-on, cargando con los niños al cuello, a la espalda, en brazos, mochilas, neveritas, refrescos, cervezas, siguiendo los caminos tradicionales GRxx, A7, A23, sendas de vacas y otros menos trillados, con visitas opcionales pero aconsejables al centro de salud, supermercado, farmacia, barbacoa y gasolinera. No hay camiseta de finisher ni premio para el primero, pero aún así, hay unas ganas irresistibles de volver a empezarla.

Tomamos la salida…


Día 12. Jueves. Salida.

Hora prevista de salida: las siete. Hora real: las siete y media. Con el coche a reventar, gato y tortuga incluidos, salimos hacía los Pirineos.

Dejamos Valencia por la A-7 para seguir después la autovia Mudejar por Teruel, Zaragoza y paradita en Zuera. Bareto de carretera, cafés para los mayores, polos para los pequeños, estiramos las piernas y seguimos camino.

Viaje tranquilo, más entretenido a partir de Barbastro. Después vienen Graus, Campo, Seira, El Run y por fin Castejón de Sos.

Llegamos sobre la una y media del mediodia, recogemos llaves y a descargar. Al abrir el maletero parecen oirse los suspiros de alivio del coche.

Benasque por la tarde para comprar en el super y al volver a Castejón un ratito en el parque y un café con hielo en el Pirineos.


Día 13. Viernes. Senda Sos-Liri.


Primera excursión: circuito por senda hacía Sos y Liri. Salimos tarde, hacia las 12, después de curar las heridas del revolcón de Pau. Primera expedición multitudinaria: Sandra, Irene, Daniel, Quique, Elena, Laura, Carolina, Jose, Julia hija, Ana, Pepe, Gabriel, Claudia, Alejandra, Yolanda, Adriá, Pau, Maria, Amparo, Vega, Silvia y el que escribe.

Por una senda preciosa subimos hasta Sos donde paramos a tomar el almuerzo. En ese momento se nos unen Chema, Pablo y Julia madre que han llegado en coche. Después de visitar una casa-museo con los artilugios propios de la vida rural de bastantes años atrás, continuamos por una senda hacia Liri para finalmente cerrar el circuito en Castejón de nuevo. Llegamos pasadas las ocho de la tarde, con los crios reventados pero habiendo disfrutado del primer día de excursión. Descansamos en el Pirineos, y ¡sorpresa!, llegan Concha y Nando. Alegría de los críos, nos quedamos charlando y tomando refrescos.


Día 14. Sábado. Llanos del Hospital.



Amanece un poco fresco y con nubes dentro del valle. Previendo un día poco apetecible, salimos ya bastante tarde hacia los llanos del Hospital. Allí la temperatura ha bajado desde los 22º de Castejón hasta los 8º, hace algo de viento y nos tenemos que enfundar los polares. Vamos hasta el fondo del llano, en un resguardo del rio. Las niñas y Daniel disfrutan corriendo y explorando. Pasamos un buen rato hasta que decidimos volver. De regreso paramos en el Santuario de Guayente donde compramos unas lagartijas y unos pasteles de merienda. Allí vemos a Conchi, justo cuando empieza a llover y tenemos que volver a casa.


Día 15. Domingo. Gabás.



Hoy nos atrevemos con la senda de Gabás. Las mayor dificultad: atravesar el barranco próximo a El Run con el camino arrancado por la corrientes de agua de las tormentas y deshielos. Después de más de tres horas de marcha llegamos a Gabás. El camino se ha hecho largo pero las niñas y Daniel han cumplido como campeones. Descansamos en la fuente del pueblo, tomamos unos bocadillos y emprendemos el camino de vuelta, prácticamente todo de bajada, que recorremos en poco más de dos horas. Llegamos pasadas las seis de la tarde, pero Concha y Nando ya se han ido y nos despedimos por teléfono. Quienes han llegado ya son Alberto y Eva, pero no les dejamos descansar y quedamos a cenar en el Pájaro Loco.


Día 16. Lunes. Entrenamiento Sos-Liri. Aigualluts y Coll de Toro.



Después de varios días haciendome el remolón, por fin consigo madrugar. Tengo previsto entrenar por el circuito del primer día: Sos y Liri. Regreso a tiempo del desayuno para empezar a preparar la jornada.

Expedición multitudinaria a Aigualluts que emprendemos prácticamente todas las familias: en total, una caravana de siete coches. Aparcamos en los llanos del Hospital y formamos en la cola del autobús ante las caras de asombro de los que ya estaban allí.

Llegamos a la Besurta y empezamos a caminar hacía Aigualluts por la senda. El camino se hace entretenido por la tropa que somos. Pasamos el Forau, espectacular, y nos tenemos que detener ante un rebaño de más de quinientas vacas manejado tan solo por tres perros. Después del atasco llegamos al Pla de Aigualluts, nos extendemos a lo largo del rio para descansar y almorzar mientras los críos se desperdigan jugando por el prado.



Poco a poco se van marchando los demás por grupos y los que quedamos decidimos ascender por el valle hasta el Coll de Toro. Viendo lo largo del camino las chicas y los niños se vuelven y continuamos Quique, Alberto y yo. Después de casi una hora llegamos al Ibón de Toro, me pego un baño rápido y nos volvemos. Bajamos a ritmo fuerte y en otra hora estamos ya con las chicas en la Besurta, a pie del autobús.

A la vuelta, unos refrescos en Benasque y zapatillas nuevas para Silvia.


Dia 17. Martes. Gorgas de Alba y Botánico. Piraguas en Eriste.

De nuevo gran expedición, aunque un coche menos esta vez. Con un poco de lío en la salida, que si te espero, que si pongo gasolina, que si hay mucha cola, que si continúo y nos vemos en el Turpi… bueno, al final todos juntos en los llanos del Turpi, justo debajo del balneario de Los Baños de Benasque.


Vamos a hacer el recorrido circular por el sendero de las Gorgas de Alba y el Botánico. Recorrido agradable y fácil, con espectaculares cascadas y atravesando bonitos bosques. Lo mejor al final, el almuerzo en los prados al lado del río, con baño incluido, esta vez en agua helada que corta la respiración. Los niños se desperdigan explorando el entorno por una zona sin peligro y muy agradable para descansar.

Subimos al destartalado y caduco edificio de los Baños a tomar un café. A pesar de lo feo que es siempre se encuentra cierto encanto en el aire tranquilo y vetusto que se respira. Paredes agrietadas, tejados rotos, cristales quebrados… no importa. Tomar un café en la terraza de los baños con las espectaculares vistas sobre el valle viendo pasar el helicoptero de rescate por debajo de nuestra cota es un privilegio. Nos marchamos las tres familias y al vernos salir los clientes respiran de alivio.

Pero la jornada no ha terminado, nos queda una visita al embalse de Eriste y el paseo en piragua. Decidimos aparcar en Anciles para cruzar paseando sus tranquilas calles y seguir el camino que pasa por detrás de Llinsoles hasta Eriste. Al cabo de una hora llegamos y formamos los grupos para montar en las piraguas. Hay que poner orden porque los crios quieren una piragua para cada uno o una para todos, todavía no lo he entendido, pero por fin nos arreglamos y, después de un curso acelerado de manejo de palas, embarcamos dispuestos a realizar la travesía del Amazonas.



Una hora remando persiguiendo cisnes, cruzando el embalse de parte a parte y molestando a los pescadores, llega a ser agotadora. Y para rematar, los chicos emprendemos el camino de vuelta a por los coches, ¡pedazo de caballeros! Yo estoy chopado y para no enfriarme me voy corriendo por delante. En unos veinte minutos estoy de regreso con el coche. Secamos a los niños, les cambiamos la ropa y al coche, para evitar resfriados. Al poco llegan Quique y Alberto y emprendemos el regreso a Castejón.


Día 18. Miércoles. Valle de Estós. Cena en la Borda, Cerler.

Otra vez nubes amenzantes en el valle. ¿Qué hacemos? Intentamos el Valle de Estós, nos arriesgaremos hasta donde lleguemos. La intención es subir por Batisielles, aunque en el fondo pienso que es exigir demasiado a los niños después de varios días seguidos de excursiones.

Salimos ya bastante tarde, casi a la una del mediodia. El cielo está muy nublado y los niños cansados. Entre protestas conseguimos pasar la presa, cruzar la palanca, la ermita de Santa Ana y finalmente llegamos a la verja. Allí las nubes se cierran más todavía y comienza a chispear. Nos refugiamos bajo la arboleda al borde del camino, nos ponemos los chubasqueros y después de tomar un tentempié nos volvemos a los coches. No ha podido ser. Ya de regreso nos cae un aguacero, pero cuando salimos de Benasque el tiempo aclara algo. Seguimos camino y en el parque de Villanova decidimos parar a merendar. Realmente nos tomamos los bocadillos de la comida pero a la hora de la merienda, en fin, cosas de las vacaciones. La tarde avanza y los niños están encantados jugando en el parque. Después de la comida vamos a por cafés, seguimos charlando y al final nos decidimos: vamos a cenar a La Borda. Reservo desde el móvil, recogemos las mochilas y al coche de nuevo. Aprovecharemos para dar una vuelta por Cerler antes de la cena.

En el restaurante ocupamos todo un rincon de la sala. Una mesa para los niños y otra para nosotros. Después de quedar más que satisfechos con unos buenos filetes de “auténtica vaca del Pirineo”, cogemos el coche con todas las precauciones para bajar un puerto más difícil que de costumbre.


Día 19. Jueves. Sendero Cerler-Benasque.

De nuevo otro día nublado. Sin embargo, no nos conformamos y emprendemos de nuevo el camino hacia Cerler para hacer el bonito sendero que baja hasta Benasque. Esta vez saldremos cinco coches desde Castejón y en Eriste recogeremos a otro, amigos de Yolanda, para llegar a Cerler donde charlamos un momento con Julia y Jose. El tiempo amenaza claramente lluvia. Pero, como si fueramos novatos, emprendemos el camino toda la tropa. La senda desciende cómodamente a través de los túneles formados bajo los árboles y la maleza. Para los críos es un camino muy divertido. Pero a los diez minutos empezamos a escuchar el sonido de la lluvia. Dentro del bosque no se nota hasta que la lluvia se convierte en aguacero. Ahora sí, las gotas atraviesan los árboles y nos acaban mojando. Para colmo, el sendero se ha convertido en un riachuelo que nos cala los pies. La decisión está clara: volver a toda prisa. En estas condiciones no se debe seguir. Por supuesto, llegamos a los coches y deja de llover. Pero ya mojados no podemos hacer nada más que ir a casa a secarnos. En fin, excursión frustrada, quedará pendiente para la próxima vez.

Tarde de en Benasque refugiándonos de un nuevo aguacero en el café de la plaza Mayor y haciendo algunas compras.


Día 20. Viernes. Entrenamiento Lavert. Estós, segundo intento. Acampada.

Hoy madrugo. A las 6’44 salgo por el camino del Solano hacia Lavert. Buen entrene, a ritmo fuerte y ligero. Dos únicas paradas, en Lavert y de regreso en la fuente de Ramastué. El tiempo magnifico. Ni una nube por el valle, solo pequeñas nieblas que se van disipando con el sol.

Silvia se queda esta vez en el apartamento con Daniel y Aitor. Vamos a intentar de nuevo el Valle de Estós. Cargamos mochilas y salimos. Las niñas están ya más que agotadas y el camino se eterniza. Viendo pasar el tiempo comprendemos que no podremos llegar a Batisielles, así que, después de pasar la Piedra, decidimos continuar la marcha por el Valle de Estós hacia la cascada de Turmo. Sin embargo, también este objetivo queda fuera de nuestro alcance, porque queremos estar de vuelta sobre las cinco de la tarde. Por fin, la Aigueta de Batisielles marca nuestro punto de retorno. Allí paramos un rato a tomar los bocatas, a descansar, y las niñas a jugar y a explorar por el río. Pero, ¿no estaban tan cansadas?



Nos volvemos. La mitad del camino de regreso la hago con Sandra y Laura, entretenido (y mareado) con su charla.

Por la tarde, ya en el apartamento, hay que terminar los preparativos a toda prisa para la acampada nocturna en Senarta. Silvia ya lo ha hecho casi todo, solo queda recoger mochilas, comprobar equipo y subir al coche. Salimos hacia Senarta y llegamos con tiempo suficiente para plantar las tiendas.



Al final, con las tiendas montadas en un claro bastante amplio y próximo al río, conseguimos extender una manta sobre la que echarnos a descansar, tomar unos bocatas, viendo como llega el anochecer. Después, con los niños blandiendo las linternas, emprendemos la exploración nocturna por el camino en busca de gamusinos. Por el bosque, en los lindes del camino, vemos moverse algunas ramas, pero no conseguimos ver ningunos de los huidizos gamusinos. Por fin nos damos la vuelta y nos relajamos viendo las estrellas. Nos metemos en las tiendas y nos dormimos escuchando el sonido del rio.


Día 21. Sábado. Barbacoa y río.

La noche de la acampada fue algo accidentada para algunos. Por la mañana, buenos días, ¿qué tal? Fatal, me contesta Alberto, y me cuenta lo ocurrido. Eva con fiebre, Leire con fiebre, total, que le ofrecemos quedarnos con Aitor en la barbacoa mientras él se ocupa de las chicas.

Tardamos en recoger las tiendas esperando que el sol seque la humedad y, por fin, llegamos sobre las doce del mediodia a la barbacoa. Leña, fuego, chuletas y rio. Hace sol y apetece bañarse. Aparecen Jose y Marta y nos cuentan su viaje por Islandia.



Los niños disfrutan de los juegos en la chopera y Sandra da un traspiés: torcedura de tobillo que acaba en el Centro de Salud con una venda inmobilizándole la pierna y pendiente de radiografías.

Comemos, tomamos café en el camping, y alargamos la tarde hasta el final para apurar el último día de vacaciones en los Pirineos.


Día 22. Domingo. Regreso.

Con las caras un poco largas y sentimiento de tristeza como siempre que acaba algo que estás disfrutando, recogemos el equipaje. Todos estamos de acuerdo: los diez días se han quedado cortos. Pero lo hemos pasado fenomenal con las excursiones, paseos, juegos, exploraciones… Nos acordamos de nuestras “grandes aventuras”: del barranco de Gabás, del Coll de Toro, de las piraguas, del aguacero en la senda de Cerler, de la cena en la Borda, de la acampada…



Y lo mejor, las experiencias compartidas entre familia y amigos.

jueves 24 de junio de 2010

PENSAMIENTO PLANO


Salgo a correr y no puedo evitar que mi mente divague con los pensamientos más absurdos o triviales. El cerebro parece funcionar a más velocidad y las ideas surgen como el borbotear del agua en una fuente. Pero claro, cuando paras, conviene analizar todo lo pensado y cribar la paja de lo realmente válido. Y, al final, no suele quedar nada. ¡Por suerte corriendo no puedes poner en práctica todo el torrente de ideas que inundan la mente! ¡Podría ser un caos!


Y en estas estaba yo, zancada tras zancada, marcando un ritmo agradable por el Parque de Cabecera, justo bajo el muro del Bioparc, dejándome transportar a otros mundos por la vegetación, el lago, los mosquitos y los efluvios de las fieras encarceladas a pocos metros, cuando, levantando la mirada para observar el estado del cielo a la hora del crepúsculo, la vi. Allí estaba, transparente, difuminada pero clara, brillantemente iluminada por un Sol que ya no estaba. Efectivamente, el Sol ya estaba por debajo de la línea del horizonte y los tonos grises empezaban a invadir los recovecos del terreno. La Luna destacaba contra el azul eléctrico cada vez con más intensidad.


Hasta ahí nada raro. Un día más, como durante millones de años, más de 4.000 según dicen, ahí estaba, arriba, en el firmamento, sin nada de particular. Y, sin embargo… había algo que no me cuadraba. Algo no encajaba y no sabía que era. El ritmo era cada vez más regular, incluso iba aumentando la intensidad y las sensaciones comenzaban a ser muy buenas. El rio empezaba a despoblarse, corredores, ciclistas, paseantes con y sin perro, todos se retiraban a la hora de la cena. Por fin encontré el motivo de mi desasosiego. La iluminación de la Luna no se correspondía con la posición del Sol. Empezé a darme cuenta al observar que la fase creciente en que se encontraba ya estaba bastante avanzada. Más de la mitad de la luna estaba claramente definida, y sin embargo, la parte oscura ocupaba todavía una buena parte, como una porción de sandía. Lo que me extrañaba era la posición de esa zona oscura. Estaba escorada hacía la parte inferior, ocupando la zona iluminada casí tres cuartos de la parte noroccidental de la esfera.


Rápidamente hice el esquema mental de la situación del sistema Luna-Sol:



Y, evidentemente, no me cuadraba. La única forma de que la Luna tuviera sombra en su parte inferior se produciría con el Sol por encima del horizonte. El campo visual de un observador vería la Luna iluminada por la parte superior y también vería el Sol sobre el horizonte. Absurdo. El Sol se había puesto, ya estaba por debajo del horizonte. La realidad se impone tercamente a nuestros esquemas mentales, a menudo rancios, míseros, interesados, pero, “Eppur si muove”.


Rehice el esquema cambiando la perspectiva. Me situé desde un punto de vista exterior, contemplando el sistema completo Tierra-Sol-Luna y esto es lo que obtuve:



Y ya pude descansar tranquilo. La iluminación de la Luna cuadraba perfectamente con las posiciones relativas de los tres astros. Nuestro mundo no es plano, ¡vaya descubrimiento!, pero, ¿interiorizamos suficientemente la realidad, lo empírico? O, más bien, ¿seguimos anclados en nuestros enclenques modelos por pereza mental?

Pensamiento plano es la falta de perspectiva amplia, la mirada estrecha, incapaz de percibir matices y analizar respuestas. Es también no hacerse preguntas, considerar la realidad como un escaparate arbitrario sin lógica ninguna. Es también caer en los dogmas, en el autoritarismo y en el rechazo a la diversidad. Y es el error que cometí en mi primer modelo, construyendo un mundo plano al dejarme conducir por una línea de pensamiento plana.


Doy por bien empleado un entrenamiento que puso a trabajar los músculos de la mente, ya un poco anquilosados por la inactividad.

viernes 28 de mayo de 2010

DANI-MARATÓN DEL TURIA

Uno empieza a correr y nunca sabe hasta dónde llegará. No era la mejor tarde, ni tenía el mejor día. Un poco cansado después de una semana de rodajes largos y todavía con la paella y la cerveza peleando en el estómago. Pero, después de equiparme en los vestuarios de las pistas de atletismo del río puse el GPS a cero, bebí un trago largo en la fuente y empecé a correr río arriba.

Los primeros cientos de metros fueron muy duros. Sentía la tensión por los suelos y pensaba que apenas dos o tres kilómetros más arriba me daría la vuelta. Ya estaba atravesando el parque de cabecera y con vistazos rápidos al GPS me daba cuenta de que no estaba tan mal. Había alcanzado fácilmente los 5’30” y las malas sensaciones iban remitiendo.

Comienzo el camino del parque fluvial desde el Molí del Sol y sigo reservando. Todavía no preveo en que punto volveré pero prefiero sentirme cómodo y no estoy en condiciones de apurar. La temperatura es agradable, apenas el sol se ha asomado por algunos huecos entre las nubes, pero no llega a molestar. Alcanzo la V-30, desciendo al cauce nuevo y en el azud de Quart vuelvo a enlazar con el camino del parque fluvial. El avance es cada vez más cómodo y solo se interrumpe con varias llamadas telefónicas que me obligan a parar de correr y seguir caminando por unos metros. Así y todo de los 5’30” iniciales paso fácilmente a las los 5’15” y así me mantengo durante un buen tramo. Los kilómetros siguen pasando, atravieso por debajo los puentes de la carretera de Manises y del by-pass y me encuentro por fin en la Presa, disfrutando del camino bajo la espesa arboleda. Solo un problema: las fuentes siguen sin estar terminadas y no hay forma de reponer líquidos. Algunos ciclistas, algunos corredores, pero nada que ver con la masificación de los domingos.

Las sensaciones siguen siendo muy positivas y alcanzo, aún reservando, los 5’12”. Llego a la Masía de Traver, ya son 18km acumulados y hace ya un rato que he decidido continuar. Pienso que no va a ser fácil por dos motivos: llevo un acumulado de los últimos diez días de 116km y no hay ninguna fuente en todo el camino. El primer problema se resuelve manteniendo un ritmo suave, pero el segundo es más delicado. Pese a mantenerse nublado, el nivel de humedad es elevado y pierdo mucho líquido con el sudor, que me empapa completamente. Sigo avanzando ya superado el último punto de retorno conocido y, con la vista puesta en Ribarroja, confío en encontrar una fuente en el pueblo.

Por fin Ribarroja, aparecen los puentes a la entrada y ya son 20,5km. Subo por las primeras calles con la esperanza de que aparezca la fuente, pero nada. En el km 21,2 me doy la vuelta armándome de valor para afrontar el regreso “en seco”. No me encuentro mal pero me temo que la falta de avituallamiento me pasará factura. Inicio el camino de regreso y los carteles de “BTT almuerzos”, “Refrescos”, etc., me torturan más que la dureza de los kilómetros.


Y así es, al cabo de 5km la sensación de espesor en el cuerpo por falta de líquidos me va invadiendo. Previendo cómo puede empeorar la situación aflojo el ritmo y voy viendo pasar del 5’12” al 13”, 14”, 15”… La disminución de ritmo ya no es voluntaria sino forzada por la incapacidad de mover la piernas con una mínima agilidad.

La visión de las sucesivas etapas, ya conocidas, me va dando alientos para continuar. Llega de nuevo la Presa, alcanzo el by-pass, Manises, Quart de Poblet, la V-30, Mislata, alcanzo el tramo del campo de tiro y aquí toco fondo. Me arrastro miserablemente y la velocidad media ya ha subido a 5’25”. Solo me mantiene en pie la próximidad de la llegada, son solo 4km y en claro descenso. Cada paso es eterno, pasan las casetas de la pirotecnía, llego a la altura del parque de la Canaleta, la pistas deportivas de Mislata, por fin a la izquierda el Molí del Sol de nuevo con el Bioparc a mi derecha, apenas unos metros más y llegaré a una fuente, ¡mi primer y único avituallamiento en el kilómetro 40! Antes de beber me ducho prácticamente entero con la cabeza bajo la fuente. Es como revivir de nuevo, y solo cuando estoy bien empapado empiezo a beber largos tragos. Está nublado y empezando a lloviznar y mi aspecto es lamentable. El roze de los pezones me hace sangrar y he manchado la camiseta de sangre. Empapado y chorreando agua y sudor, con la cara desencajada y manchado de sangre, reemprendo el camino hacia las pistas de atletismo sintiendo las miradas de estupor de la gente que pasea tranquilamente. Solo queda descender hacia el puente 9 de Octubre y recorrer el último kilómetro con las fuerzas y el ánimo renovados por la fuente. Los últimos metros me llevan al punto de llegada con 42,32 km recorridos, a 5’25” y un trago de agua. Vestuarios, ducha, coche y casa.



Me peso al llegar, ¡65kg!. Tras haber bebido hasta la saciedad en la fuente a la llegada, la pérdida de líquido ha sido de casí 4kg. Me preparo una jarra de agua con Isostar, me como dos naranjas, tres kiwis, un plátano, una ensalada gigante, tres rebanadas con guacamole, un vaso de leche, media lata de atún y le pregunto a Silvia: ¿cuándo cenamos?